Salomón Kalmanovitz 4 Abr 2008 - 6:08 pm

¡Mataron a Gaitán!

Salomón Kalmanovitz

Para los que nacimos en la década de 1940, la muerte de Gaitán nos afectó profundamente. Yo tenía 4 años y medio y recuerdo a mi padre en Barranquilla entrando a la casa unas cajas de mercancías chamuscadas por el incendio que alcanzó a semidestruir su cacharrería.

Por: Salomón Kalmanovitz
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Recuerdo el olor de quemado en tierra caliente y verlo llorando, algo que nunca más volví a ver en su vida. Creo que sentí una inclinación por las ciencias sociales, al igual que Tico Braun, por desentrañar el crimen que segó la vida del caudillo civilista. Pero mientras Tico se fue por la historia y pudo hacer la crónica de su vida y muerte ejemplarmente en su libro, yo me desvié por la economía y dejé sin despejar la incógnita. En verdad, nadie lo ha hecho, pero el libro de Tico nos permite entender el período de la historia que va de 1930 a 1950, de cómo surgió Gaitán, de cuál fue el comportamiento de la clase política y cómo lo hizo la muchedumbre afligida por el asesinato de su líder.

La tercera edición del libro llega en un momento apropiado, porque el próximo 9 de abril se conmemoran 60 años del asesinato de Gaitán. Braun comenzó a escribir este libro de historia sobre el caudillo y el pueblo que lo acompañó en 1978. Constituyó su tesis doctoral y apareció en inglés en 1985. En 1987 fue vertido al español y reeditado en 1998, a los 50 años de una muerte que catalizó una guerra civil nunca aceptada por los dirigentes del país. El magnicidio fue la manera como se impidió que un recio e inteligente individuo surgido de abajo alcanzara la Presidencia de Colombia.

Tico alcanzó a entrevistar a cientos de personajes que participaron de alguna u otra forma en la trayectoria de Gaitán y en los disturbios que precipitó su asesinato. Se lamenta en especial no haberles hecho más preguntas porque la memoria se disipa, la mayor parte de esos actores murió y esta tercera edición del libro se encuentra, en sus palabras, “con un país en que para una gran mayoría el 9 de abril no es un recuerdo. Ya es historia lejana”.

Gaitán surgió dentro de una clase política que se ufanaba de haber traído la convivencia al país que había sufrido una serie de guerras devastadoras entre 1885 y 1902. El conflicto político impidió que Colombia prosperara hasta que se introdujeron reglas de reparto del poder minoritario para el Partido Liberal, de tal modo que el mantenimiento de la paz entre los partidos creó una estabilidad que lubricó un intenso desarrollo capitalista. Las reglas se cambiaron en 1929, permitiendo la proporcionalidad en la representación, lo que le entregó el triunfo al Partido Liberal en todas las elecciones entre 1930 y 1946.

El desarrollo económico, a su vez, precipitó la urbanización, el salariado, los sindicatos y el conflicto social y, al mismo tiempo, la mejora en las condiciones de vida de la población que despertó las expectativas por un progreso mayor individual y social. También debilitó a las capas sociales que se pensaban aristócratas y dueños de las vidas de sus subordinados.

Gaitán surgió desde el fondo de la sociedad colombiana. Los dueños de la política, los viejos intereses patrimoniales y corporativos lo veían como indio o le decían El Negro Gaitán; lo entendían, con razón, como una seria amenaza por su manejo de las masas, a las que cautivaba con su retórica, interpelando sus aspiraciones de igualdad y afirmando su dignidad. Destacaba la necesidad de acabar con el país oligárquico, con el país de las formas gramaticales y de la urbanidad acartonada. Acuñó su aserto de que existía un país político a espaldas del país nacional o que la política no estaba al servicio de las necesidades de la población.

El Partido Liberal se dividió en las elecciones de 1946 entre el sector “convivialista”, como lo llama Braun, y el más radical liderado por Gaitán, lo que permitió el triunfo del Partido Conservador y el ejercicio de la Presidencia por Mariano Ospina Pérez. El Gobierno no contaba con mayoría en el Congreso, lo que eventualmente llevó a su clausura, claro indicio de que se iniciaba una dictadura. Comenzaron a brotar entonces grupos llamados “pájaros”, equivalentes a los paramilitares de hoy, pero no tan organizados, que buscaban volcar los resultados electorales en las poblaciones donde hubiera un relativo empate entre los dos partidos.

La muerte de Gaitán precipitó una enorme revuelta popular que se tornó en masa errante en todas la ciudades del país durante los 3 días que siguieron al magnicidio. Después se vino una avalancha de muertes, en la medida que la policía politizada y las bandas irregulares perseguían a los liberales y comunistas por doquier. Esto fue especialmente cierto después de la elección de Laureano Gómez en 1950, campaña acompañada por un recrudecimiento de la violencia política que llevó a la abstención del Partido Liberal.

Surgieron entonces movimientos guerrilleros liberales y un pequeño grupo de comunistas, básicamente de autodefensa, que eventualmente presionaron, junto con un sector conservador menos doctrinario, para derrocar a Gómez en 1953. El golpe militar lo propinó el general Gustavo Rojas Pinilla, quien propició negociaciones de paz que fueron desmovilizando muchas de las guerrillas liberales del país, no así el grupo comunista.

No se conoce el número exacto de muertos que dejó la violencia –un autor lo calculó en más de 200.000– mientras que el número de desplazados ha debido ser mayor, pero no ha podido ser separado de la natural migración campo-ciudad que precipitó el desarrollo capitalista del país. La evidencia censal sí señala un incremento notable de la migración hacia zonas de frontera agrícola.

No hubo después de pactada la nueva convivencia bipartidista en 1957 Ley de Justicia y Paz ni se repararon las víctimas ni se conmemoraron las muertes anónimas o los desaparecidos; tampoco el Partido Conservador o Laureano Gómez mostraron sentimientos de culpa y arrepentimiento. Nunca pidieron perdón. El pequeño grupo comunista se tornó en las Farc de hoy, mientras que los liberales que depusieron sus armas entraron al Frente Nacional, aunque algunos fueron asesinados.

El presidente Uribe, nacido en la década siguiente a los eventos que precipitaron la contienda, la de la paz bipartidista, afirma que en el país no hay conflicto y presuntamente nunca lo hubo. El libro de Tico Braun es un perentorio recordatorio de que explotó una hecatombe social, y ¡de qué manera!, el 9 de abril de hace 60 años, cuyas consecuencias aún perduran.

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