Opinión |23 Nov 2008 - 4:59 pm
Perspectiva nacional
El libre comercio demócrata
Por: Santiago Rojas
No es fácil entender la postura del Partido Demócrata en Estados Unidos frente al libre comercio. Una de las diferencias entre republicanos y demócratas se encuentra en el nivel de participación del estado en la economía; los primeros son más liberales, los segundos, más intervencionistas, y esta visión se ve reflejada en la filosofía frente al libre comercio. Por eso, tradicionalmente los republicanos son más proacuerdos comerciales que los demócratas.
Bajo esa concepción, se entiende que los sindicatos sean una base fuerte para el Partido Demócrata y que una de sus banderas sea defender los puestos de trabajo, los cuales, argumentan, se pueden perder al desplazarse las empresas a otras naciones con quienes han negociado un TLC.
Sin embargo, esa postura choca con una realidad: la economía mundial está globalizada. Esta situación los ha llevado a moldear su postura tradicional y a argumentar que no están en contra del libre comercio como tal, sino que lo que pretenden es que ese comercio sea justo y que no induzca a las empresas a establecerse en países con menores estándares laborales o ambientales, en detrimento de la mano de obra en su país. Esa visión permitió al presidente Clinton poner en vigencia el Nafta, pues negoció dos acuerdos paralelos, aunque no muy efectivos, pero que demostraban el interés de incluir temas ambientales y laborales en los TLC. Al mismo tiempo, la administración demócrata impulsó la creación de la OMC y una profunda reforma al sistema multilateral para promover la liberalización del comercio mundial.
Hoy en día la situación es más compleja. Durante la campaña electoral las diferencias entre los candidatos frente a los TLC, como el de Colombia, fueron evidentes y ahora para Obama cambiar lo dicho en campaña, así le convenga a su país, va a ser difícil. Pero la verdad, existen argumentos que le permiten sustentar un cambio de postura. Los palpables avances en materia laboral y sindical en Colombia; los evidentes beneficios del tratado para su sector automotor, que es el que está pidiendo ayuda ahora; el hecho de que el acuerdo es casi idéntico al peruano, que ya fue aprobado con su voto; y la existencia del Atpdea, que permite la entrada sin aranceles de los productos colombianos y sin contraprestación alguna, son algunos de ellos. Ojalá los tenga en cuenta en el momento de apoyar a su aliado.
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