Opinión| 15 Ago 2008 - 8:35 pm

Sergio Otálora Montenegro

Breve recuerdo de un imprescindible

Por: Sergio Otálora Montenegro
A VECES MIRA UNO HACIA ATRÁS Y sólo ve espectros: un montón de gente que se fue a destiempo, cuando estaba en lo fino de la existencia, en pleno uso de su energía vital, casi sin pasado y con un futuro por escribir.

Hoy recuerdo a Jaime Garzón como si no se hubiera ido. Un bicho demasiado raro, vivía con un pie en el poder y otro en la insolencia. Los productores del programa de televisión Zoociedad quedaron desconcertados con su talento natural para manejar las cámaras y su genialidad a la hora de improvisar. Cuando empezó, no tenía ni idea del negocio de la televisión, pero sí una sensibilidad muy especial y un talento desbordante para la imitación y el circo.

No era un cómico, sin embargo. Era, más bien, un animal político enrazado de histrión. Lo seducían, al mismo tiempo, la Casa de Nariño y el Palacio del Colesterol, las loquitas burguesas y por ahí alguna seudo proletaria vanguardista de La Perseverancia. Cuando ya estaba en la cúspide de la fama, sentía uno que el hombre no lograba encajar del todo en ninguna parte. No estaba ni a la derecha ni a la izquierda, era un ambiguo nato, con una inteligencia desbordante que le sirvió para burlarse de la clase dirigente y, además, conquistarla con su carisma.

Zoociedad se desdobló en Quac. Estaba en su salsa: política por todos lados, era la época de Samper, el proceso ocho mil, había demasiado de qué hablar. El programa no fue un éxito de audiencia, pero sí de opinión. Mejor dicho: Quac no lo veían las multitudes subyugadas por el melodrama, pero sí una inmensa minoría con influencia que comentaba las diferentes representaciones de Garzón: la empleada del servicio de Palacio, el reaccionario Cínico Caspa, el tirapiedra de la Nacional, el ingenuo celador del edificio Colombia.

 Era la primera vez que en la televisión se entraba tan de frente al humor político. En privado, Garzón no era un cuentachistes, no era Montecristo o el Príncipe de Marulanda. Tampoco era un tímido neurótico como Lucas Caballero, Klim, otra gran piedra en el zapato pero en la prensa escrita. Sin gran dificultad se convertía en el centro de atención, le gustaba jugar siempre de centro delantero. Era divertido y tenía sustancia.

El día de su entierro, miles salieron a la calle a despedirlo. Fue un multitudinario homenaje a un hombre que jamás se imaginó lo hondo que había calado en el alma popular. Su asesinato, ordenado por los paramilitares, silenció una voz única, original.

Hace mucha falta. Gabo dijo alguna vez que nadie es imprescindible. No estoy de acuerdo: el vacío dejado por Garzón es irreparable. Tan grande, que hoy nadie, absolutamente nadie, es capaz, ni tiene ganas, o la enjundia, para burlarse de los personajes de utilería de estos tiempos que corren. Hay mucho material para la ironía: patrioterismo desbordado, discursos veintejulieros, mentiras a granel, supuestos redentores, con ínfulas de iluminados. La burla los podría desenmascarar, los incomodaría a fondo, los haría demasiado vulnerables. Los pondría en su sitio.

Garzón se estrelló de frente con el país sórdido, el violento, el que hemos construido en medio siglo de plomo y tragedias. Como es apenas obvio, su crimen quedó impune. Su corta vida marcó una época. Y abrió un camino.

ESPEJO RETROVISOR

Ahora resulta que el ex presidente Samper y su administración son culpables exclusivos de las derrotas militares propinadas por la guerrilla al Ejército y del auge de los escuadrones de la muerte.

¿No prometió Gaviria, su antecesor, por boca de su ministro de Defensa, Rafael Pardo, que las Farc serían derrotadas en seis meses? Aclaro: no soy samperista, lejos de serlo. Pero lo planteado por Mauricio Vargas en su última columna es una manipulación descarada de los hechos. Oculta, de manera deliberada, cómo la estrategia de Gaviria, su jefe político, fue un desastre: en lugar de debilitarlo, fortaleció el poder de fuego de la guerrilla; el narcotráfico se impuso y las masacres paramilitares eran noticia diaria. Aquí nadie está libre de culpas.

  • Sergio Otálora Montenegro

4

Opiniones

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión.
Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Opciones de visualización de opiniones

Seleccione la forma que prefiera para mostrar las opiniones y haga clic en «Guardar» para activar los cambios.
Opinión por:

Jaimeruiz

16 Agosto 2008 - 2:05pm
Mauricio Vargas tiene razón en lo esencial, un gobierno que nombra a personajes como Alfredo Molano o Daniel García-Peña en cargos de responsabilidad es un gobierno más aliado de la guerrilla que de sus víctimas. Y eso por hablar de personajes que escriben sus opiniones a favor de la guerrilla, ¿qué se diría de Serpa, de Rodrigo Pardo, de María Emma Mejía, de Bejarano, de Gómez Méndez...? ¿Cuántos diplomáticos de esa época trabajaban directamente para la guerrilla? ¿Cuántos beneficiados del despilfarro que hundió al país en la miseria pertenecían al PCC? ¿Cuántos congresistas "liberales" de los que absolvieron al bandido Samper eran fichas de las FARC o de los paramilitares? Tal vez la mayoría. Jaime Ruiz: http://pensemospaisbizarro.blogspot.com
Opinión por:

razare

16 Agosto 2008 - 1:36pm
No se sorprenda Dr. Otálora, porque Mauricio Vargas y Plinio Apuleyo Mendoza, quienes perdieron los principios del periodismo, como la dignidad, el decoro y la imparcialidad, salen a escribir cualquier tipo de barbarides e inexactitudes; su único objetivo es congraciarse con el gobierno. Parece que el primero estuviera buscando un cargo diplomático y el segundo mantenerse, ya en su vejez, en el suyo. Son un par de irresponsables, y a personas como ellos, metidos en los medios de comunicación, se les debe la anarquía y la violencia que afectan a este país. No deberían seguir escribiendo tantas estupideces que sólo estimulan la agresividad entre los colombianos. Que se vayan a escribir, pero a un pasquín que nadie lea.
Opinión por:

requetemauricio

16 Agosto 2008 - 10:20am
¿Habla de Vargas, el de "la largas"?. A ese tontarreta no se le debe hacer ningún caso, como tampoco a ciertos dizque "opinadores" que lo único que escriben es bestialidades.
Opinión por:

polista

16 Agosto 2008 - 7:40am
Lamentable q los asesinos en Colombia deciden quien viva y quien no , ese es el mayor problema nacional q a esos mismos asesinos les da hoy el poder y les regala la gloria y la riqueza , aquí como dice la Directora dl liberalismo "tenemos miedo al presidente" y claro q eso no es gratis , tampoco es q el responable de toda culpa sea Samper , los colombianos han sido demasiado laxos con Gaviria y Uribe .El talento de Jaime Garzón innegable y sentido por el alma nacional , un polifacético no perfecto pero maravilloso , inteligente y valiente para retratar tanto malo dirigente.Claro q necesitamos reir pero sobre todo tener un espíritu crítico y tener solidaridad para sacarnos los yugos q nos manipulan y maltratan.!!LÁSTIMA GARZÓN!!!
Publicidad
  • Alejandro Gaviria
  • Eduardo Sarmiento
  • Cartas de nuestros lectores
  • Tola y Maruja
  • William Ospina
  • Miguel Gómez Martínez
  • Tomas Eloy Martínez
  • Felipe Zuleta Lleras
Todos los columnistas
Publicidad
Suscripciones El Espectador

Edición impresa

Suscríbase

ACTIVE LA LLAVE DE SUS PRIVILEGIOS

Beneficios para suscriptores

CONÓZCALOS

El uso de este sitio web implica la aceptación de los Términos y Condiciones de COMUNICAN S.A. Todos los Derechos Reservados D.R.A. Prohibida su reproducción total o parcial,así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved 2009