Opinión| 19 Sep 2008 - 8:30 pm

Sergio Otálora Montenegro

Chávez, Allende: siempre el abismo

Por: Sergio Otálora Montenegro
RECUERDO ENTRE GALLOS Y MEDIA noche, el Palacio de La Moneda en llamas. Apenas me asomaba a la adolescencia, tenía trece años, mis hermanos mayores no se despegaron un solo minuto de la radio,  ese 11 de septiembre de 1973, para oír, en directo, las noticias devastadoras que llegaban de Santiago. Los Black-Hawk dejaban caer sus bombas sobre un experimento de socialismo democrático que despertó en América Latina gran entusiasmo.

 En 1980, ya en la universidad, mucho más consciente de lo que había sucedido, y al calor de alguna canción militante de Víctor Jara o Violeta Parra, de nuevo llegaban malas noticias: un plebiscito amañado que prolongaba la pesadilla chilena por una década más.

La región era un campo minado repleto de fusiles por todos sus costados. Había gorilas en cada esquina, en Bolivia, en Argentina y Uruguay, para poner sólo unos ejemplos. La democracia era flor exótica. La acción militar contra Allende fue un sismo que sacudió a fondo la legitimidad en la vía electoral. Una generación entera abrevó en el escepticismo a ultranza: ¿quién podía apostar siquiera un peso por un sistema que dejaba semejante saldo de muertos, ya fuera por la represión del fascismo o por la guerra civil que se libraba en países como El Salvador, agobiado por la barbarie?

Desde entonces, mucha sangre ha corrido por debajo (y por encima) de los puentes. La izquierda, envuelta en diversos ropajes, llegó de nuevo al poder bajo la fuerza contundente de las urnas. Pero el escenario es otro: desplome del modelo soviético, China es potencia emergente. El tan mentado socialismo real, pegado con las babas del estalinismo, se convirtió en nombre de restaurante de moda, en camiseta chic, en Vladimir Putin y su pandilla de nostálgicos del viejo imperio.

A diez años del triunfo electoral de Hugo Chávez Frías, Human Rights Watch —ONG estadounidense, seria y también controvertida— publica un implacable informe sobre el derrumbe parcial de la democracia en Venezuela, esa misma que el presidente electo en 1998 prometió rescatar de sus ruinas. Claro, la oposición conspirativa ha sido elemento perturbador, también la intentona golpista. Chávez y sus seguidores se fueron a la ofensiva, sin reparar en el daño a instituciones decisivas como la justicia. La enfermedad del caudillismo se agudizó.

En diciembre de 2005, Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo, y de los indígenas cocaleros, conquistó el poder en las urnas. Hoy, Bolivia enfrenta una oposición feroz, liderada por cinco prefectos (gobernadores) que juegan al separatismo, al desmembramiento del país. A estas horas, los disidentes y el gobierno, a instancias de organismos como Unasur, que dio su apoyo irrestricto a Morales, están en intensas negociaciones para evitar el paso siguiente del conflicto: la guerra civil.

¿Es posible, como lo buscó de manera infructuosa Allende, introducir un cambio radical de sistema dentro del mismo sistema? ¿Desmontar la lógica y la economía de mercado, para aclimatar el socialismo y consolidar una nueva hegemonía cultural y política?

Es claro que la participación ciudadana se ha intensificado en casi todo el continente, que el pueblo ha visto, con sus propios ojos, que es posible tener presidentes que estén de su lado, con respuestas a sus demandas. Pero hay excesos; el caso de Venezuela es complejo, porque allá los partidos históricos fueron borrados del mapa, en sucesivas victorias electorales del chavismo, y la disidencia no quiso competir por la reconquista del poder, sino tumbar a Chávez, al precio que fuera necesario pagar.

Chile conmemoró los 35 años de un crimen atroz contra sus instituciones. La izquierda, después de lustros de persecución y asesinatos, abandonó el radicalismo de Allende, sin olvidar las razones de su sacrificio. Bolivia, Venezuela y con más razón Argentina, deben mirar de nuevo lo que pasó en La Moneda, en esos tres años difíciles, traumáticos,  de la Unidad Popular que marcaron la historia de todo un continente.

  • Sergio Otálora Montenegro

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Opiniones

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polista

20 Septiembre 2008 - 10:02pm
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Para quienes lloramos el asesinato de Allende el aniversario es lamentable pero el avance del socialismo una victoria económica y política porque significó sacudirse de las dictaduras , del papel manipulador e intrigante de los gringos q desde comienzos del S XX con el apoyo a Cuba y su intromisión y pasando por el robo a Colombia del canal de Panamá y hoy con la política guerrera de apoyar el plan Colombia ante la poca seriedad y menor soberania del gobierno uribe , hoy la mosca en leche es nuestra patria q hace metastasis en la unidad suramericana q auspiciada por Chávez da forma al sueño de Bolívar , no hay q impacientarse y para evidencia el mayor deterioro lo lleva Colombia q ha vendido hasta la casa para regocijo del capitalismo extranjerizante Miremos bien la viga en el ojo propio.

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carlomagno

20 Septiembre 2008 - 3:43pm
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"En una fortaleza sitiada, cualquier disidencia es traición." Ignacio de Loyola.
Una revolución que trata de crecer y avanzar en medio del sistemático saboteo mediático y la sorda y férrea oposición de la oligarquia con el respaldo ilícito de otros países, no puede permitirse el lujo de ser denostada o agredida por foráneos. La lucha que se libra hoy en Venezuela es por el cambio en toda latinoamérica. Los dueños de todo tratan de impedir el cambio a como dé lugar y utilizan todos los medios, legales e ilegales, para destruir la revolución. En esa pelea, los privilegiados quieren convencer al mundo con sus mentiras acomodadas. Guantánamo, Abu Grabi, las fosas comunes en Colombia, el 9/11 en NY, nos dicen de qué son capaces para lograr su propósito.

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nancy salas

20 Septiembre 2008 - 11:53am
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Pura paja ¿A quién creen que engañan?, si la unión sovietica, se disolvió, porque reconocieron que los pueblos no se pueden esclavizar, en nombre de la patraña de la justicia social, impidiendoles todo vestigio de progreso y dignidad, no señores, además el caso venezolano es patético, alli lo que existe es una megabanda de delincuentes, enquistados en el poder, nada que ver con justicia social, ese país esta destruido, por ejemplo en su infraestructura, cualquier zona de guerra se encuentra en mejores condiciones, ni hablar del resurgimiento de enfermedades erradicadas, que sabe a quienes afecta a la población con menos recursos, no hay alimentos, pero si armas. ¿A quienes creen que engañan?, a mi no, yo vivo en Venezuela, lo que si creo, es que la historia los desechará como a las plagas.

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olimpo rodriguez guzman

20 Septiembre 2008 - 10:38am
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Este artìculo està demasiado sesgado. No menciona lo màs importante. El golpe de estado a Salvador Allende fue promovido por lo Estados Unidos. Cualquier pais que escoga un presidente de izquierda va a sufrir los embates del genocida imperio. El señor Sergio Otalora no necesariamente tiene que mirar a los gobiernos izquierdistas para buscar dictadores. Aqui mismo tenemos uno: Uribe. El gobierno màs corrupto que hemos tenido en toda la historia. El gobierno màs "amigo" del crimen que se halla posado en el prostibulo llamado Palacio de Nariño.

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olimpo rodriguez guzman

20 Septiembre 2008 - 10:38am
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Este artìculo està demasiado sesgado. No menciona lo màs importante. El golpe de estado a Salvador Allende fue promovido por lo Estados Unidos. Cualquier pais que escoga un presidente de izquierda va a sufrir los embates del genocida imperio. El señor Sergio Otalora no necesariamente tiene que mirar a los gobiernos izquierdistas para buscar dictadores. Aqui mismo tenemos uno: Uribe. El gobierno màs corrupto que hemos tenido en toda la historia. El gobierno màs "amigo" del crimen que se halla posado en el prostibulo llamado Palacio de Nariño.

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solracsumel

20 Septiembre 2008 - 7:57am
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Es que lo que no deja GOBERNAR a los PRESIDENTES elegidos democraticamente (no palamilitarmente) se llama OLIGARQUIA que con sus medios de desinformación te crean un caos en cualquier parte.

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requetemauricio

20 Septiembre 2008 - 7:12am
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La democracia, para la extrema derecha, solo existe si sos sus fichas las que quedan en el poder. Si no fuere así, ya no es democracia. Éste concepto les permite entonces interceder incluyendo bombardeos a los palacios presidenciales hasta aportar para que el país se desinstitucionalice. Ésto último es aceptable si se hace en contra de un país de izquierda fruto de una democracia. Pero si es en contra de una democracia de derecha, es un crimen.

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lorenzo palacios

20 Septiembre 2008 - 3:21am
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Posdata: en un programa televisivo chileno "Grandes chilenos de nuestra historia", Allende acaba de ser votado por cuatro millones de televidentes como el chileno más popular de todos los tiempos, seguido (en orden de popularidad) por Arturo Prat (un militar de la guerra contra Perú-Bolivia), el jesuita Alberto Hurtado, Víctor Jara, Manuel Rodríguez (guerrillero del siglo XIX), José Miguel Carrera (independentista), Lautaro (indígena que resistió la conquista), Gabriela Mistral y Violeta Parra. Todas figuras vinculadas a la izquierda. Ahora ya me voy a acostar que se me hizo tarde... no más mentiras, no más paramilitarismo, no más Uribe!!!

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lorenzo palacios

20 Septiembre 2008 - 3:23am
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Fe de erratas: Todas figuras vinculadas a la izquierda, salvo Prat.

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lorenzo palacios

20 Septiembre 2008 - 3:16am
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Y concluyo: el problema de los cambios sociales en América Latina no puede ser subestimado. Todo proyecto de izquierda debe considerar la necesidad de profundizar la democracia (democracia participativa, lo que no excluye sino que requiere de mayores y más eficientes mecanismos de control), democracia entendida en un sentido integral (que incluye la economía y las riquezas sociales que siendo producto del trabajo colectivo, debieran ser repartidas según fórmulas más equitativas), pero también debe considerar la necesidad de defenderse, pues ni a la oligarquía y ni al imperio de los EEUU les temblará la mano para hacer correr la sangre. Eso queda demostrado en Chile y lo demuestra la historia colombiana. El pueblo debe estar vigilante y movilizado en todo momento.

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lorenzo palacios

20 Septiembre 2008 - 3:13am
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Y prosigo: el caso boliviano es diferente: estamos en este caso ante una sociedad civil, ante un pueblo, sumamente bien organizado y con una larga tradición de participación, que arranca de las tradiciones comunitarias indígenas. (Caso opuesto al veneco, donde había una sociedad civil sumamente débil antes de la llegada de Chávez -cosa que tampoco ayudó). Pero también estamos ante una oligarquía que no está acostumbrada a compartir ni la más mínima cuota de su poder. Por tanto, su reacción ha sido desquiciada y criminal. La oligarquía boliviana es la más racista y autoritaria de todo el continente, y estará dispuesta a cualquier cosa para lograr mantener su supremacía absoluta y oponerse a los cambios sociales en beneficio de las mayorías. América debe recordar: NUNCA MÁS onces de septiemb

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lorenzo palacios

20 Septiembre 2008 - 3:08am
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Como siempre estimado Sergio, excelente columna... como usted menciona, hay excesos que hay que evitar. En el caso venezolano, lamentablemente, se pasó de una concepción de democracia participativa a un estilo personalista de gobierno que no hace bien al proyecto. Claro es que la oposición jugando la carta del golpe y la intentona del 2002 han exacerbado ciertas características negativas del proceso, pero eso no exime a la izquierda de la crítica responsable y constructiva. Qué diferencia entre el entusiasmo popular de la asamblea constituyente, cuando el pueblo veneco fue protagonista, a la indiferencia ante el referéndum constitucional, cuando al pueblo se le dijo sencillamente "vóteme esta reformita"... eso no funciona así para una izquierda que busca una lógica diferente.

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