Opinión| 20 Mayo 2008 - 9:35 pm
La nueva guerra fría
Por: Thomas L. Friedman
Esa es la verdadera historia global de Oriente Medio en las últimas fechas: la lucha en pos de la influencia a lo largo de la región, con Estados Unidos y sus aliados árabes de la vertiente sunita (e Israel), versus Irán, Siria y sus aliados que no son estados, Hamas y Hizbulá. En las palabras del editorial del diario iraní Kayhan, publicado el 11 de mayo: “En la lucha de poder de Oriente Medio existen tan sólo dos bandos: Irán y Estados Unidos”.
Por ahora, el Equipo Estados Unidos está perdiendo en casi cada frente. ¿Cómo ocurrió esto? La respuesta corta es que Irán es astuto y despiadado, Estados Unidos es tonto y débil, al tiempo que el mundo de los árabes sunitas es ineficiente y está dividido. ¿Alguna otra pregunta?
La indignación de la semana gira en torno al esfuerzo del Hizbulá iraní-sirio con miras a tomar el control de Líbano. Maleantes de Hizbulá avanzaron vigorosamente por barrios sunitas en el oeste de Beirut, concentrando su atención en particular sobre el aplastamiento de organizaciones noticiosas como TV Futura, de forma que la maquinaria de propaganda del grupo Hizbulá pudiera dominar las ondas radiales. Hizbulá, la milicia chiita, supuestamente apareció con el fin de proteger a Líbano de Israel. Habiendo hecho eso, ahora ha dado un giro de 180 grados y ya vendió Líbano a Siria e Irán.
Todo lo anterior forma parte de lo que Ehud Yaari, uno de los mejores observadores de Oriente Medio por Israel, conoce como “Pax Iranica”. En su columna del 28 de abril, publicada en el Jerusalem Report, Yaari ha puesto de relieve la red de influencia que Irán ha creado en torno a Oriente Medio —desde la influencia que tiene sobre el Primer Ministro iraquí, Nouri al-Maliki, hasta su capacidad para manipular prácticamente la totalidad de las milicias chiitas en Irak, así como la forma en que acrecentó a Hizbulá hasta convertirlo en una fuerza— con 40.000 cohetes, mismos que pueden controlar a Líbano y amenazar a Israel en caso de que pensara en lanzar un ataque sobre Teherán, así como su capacidad de reforzar a Hamas en la Franja de Gaza y obstruir cualquier paz que patrocine Estados Unidos entre israelíes y palestinos.
“En términos simples —notó Yaari—, Teherán ha creado una situación en la cual, cualquiera que desee atacar sus instalaciones nucleares tendrá que tomar en consideración que eso conduciría hacia amargas peleas” en los frentes libanés, palestino, iraquí y del Golfo Pérsico. Eso es una sofisticada estrategia de disuasión.
El equipo de Bush, por contraste, en ocho años, se las ha ingeniado para poner a Estados Unidos en la posición única en Oriente Medio en que “no goza del agrado, ni es temido o respetado”, escribe Aarón David Miller, ex negociador de Oriente Medio bajo administraciones tanto republicanas como demócratas de Estados Unidos, en su provocativo libro de reciente publicación sobre el proceso de pacificación, titulado La tierra demasiado prometida.
“Nosotros tropezamos durante ocho años con Bill Clinton en lo tocante a cómo hacíamos la paz en Oriente Medio, y después tropezamos durante ocho años bajo George W. Bush con respecto a cómo hacer la guerra allá”, dijo Miller, y el resultado es que “Estados Unidos está atrapado en una región que no puede reparar y tampoco abandonar”.
Tan sólo consideren los últimos meses, dijo: El presidente Bush fue a Oriente Medio en enero, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, lo hizo en febrero, en tanto el vicepresidente Dick Cheney fue en marzo, y la secretaria de Estado viajó de nuevo en abril, al tiempo que el Presidente estadounidense está allá de nuevo en esta semana. Después de todo eso, los precios del petróleo están más altos que nunca y las perspectivas de la paz son tan bajas como siempre. En las palabras del mismo Miller, Estados Unidos, justo ahora, “no puede derrotar, cooptar o contener” a cualquiera de los participantes clave en la región.
El gran debate entre Barack Obama y Hillary Clinton es con respecto a si los estadounidenses deberíamos o no hablar con Irán. Obama está a favor, Clinton ha estado en contra. Ay, la pregunta correcta para el siguiente presidente no gira en torno a saber si hablamos o no hablamos. Es más bien acerca de si tenemos o no influencia.
Cuando se tiene influencia, hay que hablar. Cuando no se tiene, hay que conseguir un poco, creando incentivos económicos, diplomáticos o militares, así como presiones, que la otra parte considere demasiado tentadores o aterradores para hacer caso omiso. Es ahí donde el equipo de Bush ha sido en verdad incompetente con respecto a Irán.
La única parte más débil es el mundo de los árabes sunitas, que está tan ebrio de petróleo que cree que tiene la capacidad de comprar su salida de cualquier desafío iraní o está tan dividido que no puede darle prioridad a la protección de sus propios intereses... o ambas.
Los estadounidenses no vamos a entrar en una guerra con Irán, ni deberíamos. Sin embargo, resulta triste ver a Estados Unidos y sus amigos árabes con tal debilidad que no pueden impedir que uno de los últimos rincones de decencia, pluralismo y apertura en el mundo árabe sea destruido por Irán y Siria. Lo único que me brinda alivio es el conocimiento de que todo aquel que ha intentado alguna vez dominar por sí solo a Líbano —maronitas, palestinos, sirios, israelíes—, ha desatado una seria repercusión y ha fracasado.
“Líbano no es un lugar que pueda ser controlado sin un consenso, sin incluir a todos”, dijo el columnista libanés Michael Young. “Líbano ha sido un panteón para gente con grandes proyectos”. En Oriente Medio, agregó, todo parece indicar que tus enemigos siempre “encuentran una forma de unirse y lograr repentinamente que la situación se torne sumamente difícil para ti”.
*c.2008 - The New York Times News Service
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Thomas L. Friedman
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