Por: José Fernando Isaza

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El Presidente de la República, recordando una frase de Mandela, afirma que no se debe prestar atención a las declaraciones que hagan sobre el proceso en La Habana personas que no estén sentadas en la mesa de negociación y, aun si están allí, es diferente lo que digan públicamente de lo expresado en la negociación.

La declaración anterior presenta un problema de lógica del lenguaje: como el presidente no está sentado en la mesa, ¿se le debe o no hacer caso? ¿Qué actitud tomar con respecto a las declaraciones de Timochenko, que tampoco está sentado en la mesa, pero que, al igual que el presidente, tiene mando sobre sus delegados en la negociación? La solución es prestar atención a lo que dice el presidente. La frase debería ser: con la excepción de lo que diga el presidente, no debe hacerse mucho caso a las declaraciones sobre el proceso en La Habana hechas por quienes no son los negociadores.

La opinión recibe al menos dos visiones gubernamentales totalmente opuestas, la del presidente y la del ministro de Defensa; el primero apostándole a la paz por la vía de la negociación, el segundo con declaraciones bélicas, apartándose de ese camino.

El paro agrario ha copado buena parte de la atención pública. Recientes declaraciones, de gran trascendencia, hechas por el jefe de Estado no han sido suficientemente analizadas. En una entrevista radial precisó, entre otros aspectos, que la paz es la prioridad y que la justicia debe acompañar este objetivo y no dificultarlo. Con respecto al papel de la Corte Penal Internacional, fue claro al declarar que las instituciones externas no pueden frustrar el anhelo de paz de los colombianos. Un punto sensible fue el relativo a las víctimas: a la vez que recalca el dolor y la necesidad de reparación de más de cuatro millones de compatriotas, manifiesta también la necesidad de pensar en los 40 restantes que no deben ser víctimas futuras. Es claro que el presidente está utilizando lo que le queda de popularidad para lograr que las Farc hagan una dejación de las armas. Esto merece el apoyo de sus conciudadanos. La sentencia de la Corte Constitucional al declarar exequible el Marco para la Paz garantiza la aplicación de esta legislación en el tan elusivo y buscado acuerdo para que cese el ejercicio de la política con armas.

El director de la Comisión Colombiana de Juristas, Gustavo Gallón, quien había demandado la ley en nombre de la corporación, mostró su acuerdo con la sentencia, ya que ésta fija límites para su aplicación, y defiende los derechos de las víctimas. “El artículo de la ley estatutaria (que reglamentará dicho marco) deberá ser respetuoso con los compromisos internacionales, en cuanto la obligación de investigar, juzgar y en caso sancionar las graves violaciones de los derechos humanos y al derecho internacional humanitario” (C.C.).

La C.C., en su declaratoria de exequibilidad, es explícita al ordenar que se reconozcan adecuadamente los derechos de la víctimas. Hace pocas semanas, las Farc reconocieron que su accionar armado había causado daño y sufrimiento, un avance a su anterior posición de declararse sólo víctimas y no victimarios.

Nota final: sí hubo infiltrados violentos en el paro agrario. El Espectador, en la pasada edición dominical, pág. 7, muestra la foto de un policía vestido de civil golpeando al fotógrafo L. Noriega cuando cubría la manifestación en la Avenida del Ferrocarril, en Medellín.

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