Por: Luis Carlos Vélez

Comercio con Venezuela: otro fallo inaplicable

La semana pasada fue anunciado en Colombia un plan para fortalecer el sector agropecuario. La iniciativa, que nace en medio de un creciente malestar de los campesinos de nuestro país demostrado en manifestaciones, tiene como uno de sus puntos principales fortalecer el comercio con Venezuela.

Según lo anunciado por el presidente Juan Manuel Santos, Colombia reactivará el comercio con el vecino país y como medida inmediata se venderán cerca de 600 millones de dólares a Venezuela, representados en 40.000 toneladas de leche en polvo, 60.000 cabezas de ganado, 42.000 toneladas de carne, 6.000 toneladas de mantequilla, 20.000 toneladas de aceite de palma, 32.000 cajas de huevos y casi 1,7 millones de pollitos de un día de nacidos.

Sin embargo, hacer negocios con Venezuela no es algo sencillo. A pesar de que existan buenas intenciones, la aplicabilidad, para usar un término de moda en Colombia, de la propuesta es muy reducida. Venezuela es un país que tiene serios problemas con su tasa de cambio y por eso ha establecido controles de intercambio de divisas. Es tal la disparidad de lo que considera el gobierno de Nicolás Maduro debe ser el valor de la moneda estadounidense con su verdadero monto de mercado, que en las calles ésta se cotiza en 44 bolívares por unidad, mientras que el banco central lo cambia en seis bolívares.

Así las cosas, los compradores venezolanos no tienen cómo conseguir dólares suficientes en su país para adquirir bienes de los comerciantes colombianos.

Entonces, ¿de dónde va a salir el dinero para las compras? Según el gobierno venezolano, se están estudiando medidas alternativas para asegurar la consecución y flujo del pago. Pero eso es algo que hasta ahora no está resuelto.

Por eso Colombia debería pensar en maneras alternativas de hacer negocios con Venezuela, tal y como lo han hecho otras naciones cercanas al régimen chavista, como China y Argentina, y esto es, recibir petróleo como forma de pago.

Cómo es la vida: esto demostraría que el presidente Santos necesita de Nicolás Maduro para resolver parte de su crisis agraria, mientras que el mandatario venezolano necesita de su par colombiano para arreglar su problema de desabastecimiento y descontento nacional. Y lo más paradójico es que la solución estaría en enviar bultos de comida colombiana a la frontera que luego serían distribuidos con la bandera de la revolución chavista y pagados en petróleo que se venderá a los precios establecidos por Wall Street. Como quien dice: el socialismo del siglo XXI depende del neoliberalismo que tanto critica de su vecino y viceversa.

 

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