Por: Luis Carlos Reyes

Cómo escribir para no desesperar a su profesor

Hay varias fealdades recurrentes en la escritura de los estudiantes universitarios colombianos (y de cientos de miles de egresados), que hacen que sus ensayos y trabajos de grado sean aburridos, confusos, y que el lector no se tome en serio al autor. Anoto algunas por si le sirven a alguien.

Una son los preámbulos interminables. Quizá por imitar la estructura de las leyes y decretos del país, es frecuente que se empiecen los textos con varios párrafos de vaguedades antes de entrar en materia. Son especialmente desesperantes las horrorosas secciones de “justificación” y “antecedentes” que recomiendan algunas guías de escritura. La verdad, si en el segundo párrafo el lector todavía no se ha enterado de qué trata el texto, el documento debe modificarse. Cuando se redacta un informe, ensayo académico o documento similar, no se puede seguir la misma estructura que en una novela de misterio, donde sólo nos enteramos de qué fue lo que sucedió por allá en el último capítulo.

Otra es el error santanderista de citar sin necesidad leyes y decretos en documentos no legales. A nadie que no sea abogado en ejercicio le interesan, y no intimidan ni se ven impresionantes. Lo único que transmiten es la sensación de que el escritor se está escudando detrás de la majestad de la ley, para convencer al lector de sus puntos de vista por leguleyada y no por persuasión.

La meta debe ser comunicarse de la manera más clara y eficaz posible. Si una idea se puede transmitir en una frase, no hay necesidad de dedicarle un párrafo. Hay que evitar los enunciados demasiados largos: si una coma se puede reemplazar por un punto seguido, casi siempre es preferible usar el punto y no la coma. Tampoco hay que caer en la colombianísima manía de usar palabras rebuscadas, como si fuera con ellas y no con las buenas ideas que uno se luce: por ejemplo, es preferible decir que ser claro demuestra el buen juicio y no que lo abstruso muestra falta de sindéresis.

Sobra decir que hay que seguir las reglas ortográficas y usar adecuadamente los signos de puntuación. Aquí no cabe una guía exhaustiva, pero destaco dos errores de este tipo que se han multiplicado en años recientes. Uno son las tildes en lugares incorrectos, seguramente sugeridas por correctores digitales de ortografía. Por ejemplo, quien quiere decir que está a punto de mandar un paquete escribe “ya mandó el paquete” (como si una tercera persona ya lo hubiera enviado), en vez de la frase correcta, “ya mando el paquete”.  El otro es esa coma abominable que la gente pone entre sujeto y predicado (por ejemplo: “El presidente, anunció el inicio de diálogos de paz con el Eln”). Quién sabe de dónde salió esa moda, pero debería ser criminalizada.

No soy nadie para decir que estos consejos de redacción son universales, que son los más importantes o que siempre logro seguirlos. Pero, por lo menos, si el lector es alumno mío, ya sabe a qué atenerse.

* Luis Carlos Reyes, Ph.D., profesor del Departamento de Economía, Universidad Javeriana.

Twitter: @luiscrh

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