Por: Aldo Civico

Comuna 13: estrategia para detener la violencia

“La seguridad de esta ciudad debe ser integral y humana. Necesitamos reconfigurar el enfoque”, piden los jóvenes de la Comuna 13. No están pidiendo lo imposible, sino exigiendo sus derechos.

Duke, un rapero, líder comunitario, esposo y padre de dos niñas, fue asesinado hace una semana. En los días siguientes, muchos líderes juveniles tuvieron que salir de la Comuna 13 por amenazas. Militarizar la Comuna 13 no ha servido. La construcción de una escalera móvil fue una audaz idea de urbanística, pero no trajo desarrollo. Se necesita otro rumbo.

Primero, el Estado tiene que ganarse la confianza. Esto no se alcanza con la policía acosando a la comunidad y criminalizando a los jóvenes. El IPC de Medellín publicó un informe con denuncias de violación de derechos humanos que las autoridades tienen que investigar. Si entre los miembros de la Policía hay, como los hay, mercenarios de las bandas criminales, la Policía Nacional tiene que sancionarlos de manera ejemplar. Así se fomenta la cultura de la legalidad.

El cambio debe ser realista. El Estado no tiene los recursos para acabar a la misma vez con los poderosos grupos criminales, y cerrar las “plazas” de drogas, y poner fin a la “vacuna”, y detener el reclutamiento de menores. El Estado no debería prometer lo que no puede cumplir. Pero las pandillas y la policía patrullan las mismas calles, y la policía sabe quién es quién. Este conocimiento desde la calle debería sugerir estrategias para acabar con los homicidios —que muchas veces son un medio para resolver chicharrones—. La intervención debe ser inteligente y minuciosa. Ha sido una desgracia para Medellín la decisión de interrumpir cualquier diálogo con las bandas que controlan los barrios, porque se perdió información importante, así como la confianza de la comunidad. Si los Estados Unidos hablan con los talibanes en Afganistán, la Alcaldía puede hablar con las pandillas en las comunas para detener la violencia. Esto se hace con éxito en muchas áreas urbanas violentas en los Estados Unidos.

Si se detiene la violencia, el miedo disminuye, y con esto, también la necesidad de portar armas y de unirse a una pandilla para protegerse: empezaría un ciclo virtuoso y con ello la posibilidad de cambiar los patrones de todo un sistema.

La paz en la Comuna 13 es un objetivo demasiado importante para dejarlo sólo en las manos de la Fuerza Pública. La Alcaldía y el gobierno nacional tienen que invertir con todas sus agencias en salud y educación y fortalecer los procesos sociales y culturales que impulsan la convivencia pacífica. El alcalde de Medellín prometió la creación de 100.000 trabajos: ¿por qué, por ejemplo, no emplear a los gestores culturales del movimiento hip hop para hacer sostenible su importante labor? El sector público y privado deberían unirse para invertir en empresariado social. Juanes podría ser el impulsor y el garante de tal alianza.

El alcalde se reúne hoy con los jóvenes amenazados de la Comuna 13. No debe traer promesas, sino escuchar la sabiduría que viene del barrio, comprometerse con la seguridad de los gestores culturales y asegurar la voluntad política de transformar la comuna.

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