Por: José Fernando Isaza

Conferencia de Naciones Unidas sobre el cambio climático

El 8 de diciembre concluyó en Doha, Qatar, la XVIII conferencia sobre el cambio climático. Los resultados son desalentadores: más discurso que compromiso.

Se prolonga hasta el año 2020 el protocolo de Kyoto que buscó limitar las emisiones de anhídrido carbónico, CO2, a niveles un 20% inferiores a 1990; se fijó el 2015 para acordar las nuevas metas. El protocolo de Kyoto no tuvo un impacto significativo en la reducción de emisión de CO2: Estados Unidos no ratificó el acuerdo; China, el gran emisor de gases de invernaderos, no asumió ningún compromiso, desde 1997, cuando entró en vigencia el protocolo. Los resultados de Doha son aún menos significativos: EE.UU, India, China, Rusia, Japón, Canadá y Nueva Zelanda no se comprometieron a suscribir el nuevo acuerdo. Sólo los países de la Unión Europea asumen un compromiso con la salud de la atmósfera.

Los resultados de Kyoto son pobres: en 1997 se emitían 23 mil millones de toneladas de CO2 a la atmósfera y en el 2010 la cifra ascendió a 34 mil millones. No obstante, hay algunos resultados positivos: se creó un mercado de emisiones de gases de invernadero, que permiten hacer viable económicamente algunos proyectos de reforestación y de energías renovables. Aunque no es totalmente atribuible a Kyoto, entre 1990 y 2010 se ha producido un incremento en la eficiencia energética en la producción. Si se empleara la misma energía que en 1990 para producir un dólar de PIB, se estaría emitiendo un 30 o 35% más de CO2. El PIB mundial hoy no está constituido en producciones intensivas de energía como son las siderúrgicas, sino que se orienta más a servicios menos intensivos.

El objetivo de reducir las emisiones de CO2 para que el calentamiento atmosférico sea menor a 2°C en el 2050 no se está cumpliendo. Se calcula que para lograr lo anterior las emisiones no deberían superar los 20 mil millones de toneladas de CO2, un 50% inferiores a los niveles actuales. Si adicionalmente se considera la emisión de metano por las tundras boreales, el mundo puede acercarse peligrosamente a un calentamiento de 4°C. Los efectos serían catastróficos. Se a celera el derretimiento de los glaciares de Groenlandia y se reduce el glaciar antártico; fenómenos que elevarían el nivel del mar, lo que afectaría directamente a más de una tercera parte de la población mundial.

El calentamiento atmosférico no sólo se debe a la acción del hombre. Cambios climáticos ha habido antes desde la aparición del hombre en la tierra. El resultado combinado de factores astronómicos, la actividad solar, las erupciones volcánicas y la emisión del CO2 por la actividad humana, hacen que la elevación de la temperatura atmosférica sea mucho más pronunciada. Así, entre 1990 y el 2010, el cambio en temperatura atmosférica es tres veces superior a la del período de 1860-1940.

Un informe del panel intergubernamental de cambio climático (IPCC) para publicación en el 2013 se filtró. Menciona el efecto residual sobre el calentamiento de la actividad solar. Tomando el informe, fuera de contexto, por quienes niegan el impacto de las emisiones antrópicas, concluyen que es la actividad solar y no las emisiones de gases de invernadero los causantes del calentamiento atmosférico. La capacidad de gestión de la industria petrolera estimula esta conclusión que se aleja de la realidad.

 

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