Por: Luis I. Sandoval M.

Congreso de Fuerzas Alternativas

Es tiempo de convenciones de los partidos políticos existentes con personería jurídica, 14 según la Registraduría. Se realizó la del Centro Democrático hace unas semanas y en julio se hará la del Partido Liberal. En breve, terminada la dejación de armas, se tendrá legalizado el nuevo partido de las Farc fruto de los Acuerdos de La Habana. Aparte de ello en el segundo semestre de este año tendrán lugar consultas partidarias e interpartidarias. 

Asuntos ineludibles de definición en estos publicitados eventos son las propuestas que se hacen al país ante problemas y expectativas protuberantes y la formalización de aspiraciones a Congreso y Presidencia de la República. Cada partido y cada bloque político toma decisiones sobre estas materias, con mayor o menor democracia interna, en medio de un tremendo barullo aunque todo está normatizado. La impresión es la de un mercado caótico.

Tras la aparente formalidad, en el fondo juegan grandes intereses y poderes. Nombres y propuestas se compran y se venden como productos en el mercado de bienes y servicios. El marketing político desempeña un papel definitivo y, por supuesto, en tiempos de posverdad, funcionan todo tipo de falsedades y manipulaciones como se ha visto en los más recientes episodios electivos en el mundo y también aquí.

No serán rutinarias las elecciones de 2018. Durante más de medio siglo los comicios ocurrían en un contexto de orden y violencia. La gran novedad hoy es que se acerca el fin de la violencia política y el país amplía el juego político y, en virtud de ello, podría profundizar la democracia. Colombia vive la transición de un país semidemocrático poblado de violencias a un país con democracia creciente sin violencia. Transición in fieri, aún no culminada.

Otro rasgo del contexto es la sostenida agitación social (2011, 2013, 2015) que hoy se materializa en paros de maestros, trabajadores del Estado central, rama judicial y en paros de regiones y ciudades como Chocó y Buenaventura; otros pueden estallar en próximos días. Problemas sociales agudizados, incumplimiento de anteriores acuerdos, defensa de los diálogos y pactos de paz son los motivos de la intensa ola de protestas.

Si la política es expresión de lo que pasa, debe y puede pasar en la sociedad: ¿Qué partidos, propuestas y candidaturas expresan mejor el interés de los que quieren paz con cambio, traducción en política del  reclamo social, gestión con transparencia, economía sin depredación de comunidades y naturaleza? No puede haber duda en la respuesta: esa responsabilidad corresponde al amplio conjunto de fuerzas alternativas con que, por fortuna, cuenta el país.

La paz les está quedando grande a las élites tradicionales. Desataron y sostuvieron el proceso pero se muestran incapaces de cumplir a cabalidad, de profundizar la recreación cultural, social e institucional que implica la paz positiva y sustantiva después del silenciamiento de los fusiles. Parte de tales élites quieren hacer trizas la paz porque quizá ya se percataron que es la paz, que no se detendrá, la que puede hacerlas trizas.

La iniciativa en el actual proceso político no puede dejarse a los de siempre, es preciso que las fuerzas renovadoras pasen a la ofensiva e instalen en el imaginario de electores y electoras la necesidad y posibilidad de transformar sin alterar la vida democrática. Eso es la paz, la realización de un proyecto de país, la erradicación de los factores que dieron lugar a la violencia durante décadas.

Se requiere mínimo entendimiento estratégico para tomar la iniciativa política cuando es más claramente necesaria. ¿No será posible realizar con sentido común un gran congreso regional y nacional de fuerzas alternativas?     

@luisisandoval

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