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María Elvira Bonilla 10 Mar 2013 - 11:00 pm

La construcción de un mito: San Hugo

María Elvira Bonilla

El interminable y emotivo ceremonial de despedida, que no de entierro, del presidente Hugo Chávez en Caracas, y la abrumadora respuesta del pueblo venezolano, cargada de una emocionalidad como si estuvieran despidiéndose de un padre afectuoso, me trajo a la memoria el libro Santa Evita del periodista argentino Tomás Eloy Martínez.

Por: María Elvira Bonilla
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    http://www.elespectador.com/opinion/construccion-de-un-mito-san-hugo-columna-409481
    http://tinyurl.com/b8wnbzx
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Este recogió datos y relatos de quienes, como el peluquero que inmortalizó su imagen, el médico que la atendió en sus días finales y el embalsamador español que bregó por arrebatarle la expresión de rigor mortis al rostro de Evita, le permitieron reconstruir una historia cuyo personaje central es un cadáver. A través del cual logra redefinir en forma mítica a quien lo habitó: Evita Perón. Una historia que puede resultar premonitoria con el cuerpo de Hugo Chávez.

Su heredero político, Nicolás Maduro, advirtió en el fragor del primer día del ritual de despedida que Chávez seria embalsamado para garantizar su presencia eternamente. De inmediato ordenó prolongar la cámara ardiente para que los venezolanos de todos los rincones del país pudieran llevarse el recuerdo de su Comandante con la boina roja, cubierto de insignias, sus labios carnosos y la piel de zambo criollo como él mismo se describía orgullosamente. Las crónicas de periodistas que vieron el cadáver, describen su ultimo gesto como el de un hombre rabioso con la muerte.

Esta pretensión de mantener presente a Chávez y vivo en el imaginario popular venezolano tiene un claro sentido político y de ello dependerá en alto grado la suerte de su revolución bolivariana. En su discurso de posesión ante la Asamblea Nacional, el escenario perfecto para referirse a su tarea política que le correspondía como presidente encargado, Maduro continuó con su trabajo de construcción del mito, que él sabe bien es el punto crítico para la construcción del futuro político del país. Reveló con humanidad detalles inéditos de la enfermedad de Chávez, los dolores imposibles, los desvelos y el fatalismo descorazonador con que encaró un cáncer devastador y misterioso. “Esto va a ser peor de lo que dicen los médicos”, contó Maduro que le dijo a su círculo inmediato. El presidente intuyó que no sobreviviría a la segunda cirugía y por ello regresó a Caracas, a despedirse de la gente y a señalar públicamente la ruta a seguir por el chavismo ante la eventualidad de su derrota definitiva.

Con su discurso presidencial, Maduro buscó reafirmar el ser humano impotente frente al destino final de la muerte. La imagen de un hombre con la humildad necesaria para borrar la huella de un gobernante déspota y autoritario, ebrio de vanidad y sumido en la grandilocuencia que durante catorce años gobernó su país a su amaño, sin límites. El mito para sostenerse necesita de un Chávez bondadoso, humano y sensible que, embalsamado, desde su urna de cristal seguirá acompañando y dignificando a su pueblo. En el santoral venezolano le apareció competencia al milagroso José Gregorio Hernández.

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