Por: Augusto Trujillo Muñoz

Constructores de patria

Cajamarca, al occidente del Tolima, nació hace cien años en un hermoso paraje enmarcado por la confluencia de dos ríos: Anaime y Bermellón.

Bajo el estímulo del Obispo de Ibagué, Ismael Perdomo Borrero, se movieron los primeros vecinos con ánimo fundacional. Unos sesenta años antes se habían afincado pocos kilómetros arriba, a orillas del río Anaime, unos colonos antioqueños. Descuajaron montaña, mientras uno de ellos llamado Jesús Ocampo instaló una tienda para el suministro de víveres. En torno a la tienda creció un caserío antes que la actual cabecera municipal. Sus primeros colonizadores formaban parte de las migraciones antioqueñas que se extendieron por nuestras vertientes montañeras.

Aquellos pioneros trajeron consigo la vocación por el trabajo y la cultura del café. De Cajamarca hacia el norte, hasta Herveo, toda esa cordillera tolimense es hija de una influencia paisa que, todavía, resulta evidente. Claro, sus habitantes son tolimenses pero conforman una manera de ser y de sentir que conserva algunos rasgos identitarios propios en medio de esa rica sociedad plural que es, actualmente, el Tolima.

El cañón de Anaime se convirtió en un centro de producción agropecuaria. Con el paso del tiempo recibió una migración procedente del altiplano cundi-boyacense que ayudó a consolidar esa vocación. El otro lado, el del río Bermellón, atrajo a los devotos de la actividad minera. Tuvo ésta cierto auge pero veloz ocaso. Cuando, hacia 1930, la carretera conectó el centro del país con el occidente, consolidó su condición de despensa agropecuaria colombiana. Hoy Cajamarca se encuentra de nuevo con la minería. Al parecer su suelo guarda una de las reservas auríferas más grandes del mundo. Ojalá el futuro del municipio sea definido por sus hijos y no por extraños que suplantan voluntades mientras defienden otros intereses.

Hace unos treinta o cuarenta años Armando Echeverry Jiménez, más tarde senador de la República, embajador de Colombia en el Líbano y líder gremial del sector agropecuario, homenajeó a un grupo de anaimunos, por nacimiento o por adopción, cuya vida está impresa en la memoria regional. No los preciso a todos pero sé que formaron una ilustre generación de constructores de patria. Recuerdo entre ellos a Ricardo de la Pava, Francisco Echeverry, Ernesto Cadavid, Aníbal Quintero, Antonio Trujillo, Camilo Londoño, Roque Bonilla, en fin, hombres de bien que dejaron huella en la historia comarcana. Una historia que, como tantas otras, el país desconoce pero a la cual se debe lo poco –o lo mucho- de amable que guarda en sus páginas la historia colombiana.

Es bueno recordar hoy su ejemplo de vida, cuando el alcalde Evelio Gómez y el presidente del Concejo Orlando Escobar presidieron los actos conmemorativos del centenario y cumplimentaron a otros hijos de Cajamarca que dan lustre a este municipio tolimense. Allí se sigue creando riqueza a pesar del inexcusable abandono del estado. En pleno centro del país el gobierno es incapaz de consolidar su autoridad y fortalecer las instituciones del estado de derecho. Cajamarca está muy cerca de la capital de la república, pero le queda muy lejos a la psicología de sus gobernantes.

*Ex senador, profesor universitario, [email protected]

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