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Diana Castro Benetti 24 Mayo 2013 - 11:00 pm

Contagio

Diana Castro Benetti

Cargamos nuestras creencias de principio a fin. Nos aferramos a ellas como tabla de salvación y desalojarlas cuesta sangre y pudor. Creencias sobre la vida, la muerte, la política y el amor.

Por: Diana Castro Benetti
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Creencias para el más allá o sobre el poder, el dinero y el país. Creencias de ayer que modelan los pasos cotidianos y que obligan unas decisiones y no otras hasta delinear un destino y no otro.

Hacerse responsable de las creencias que asumimos es tarea para los verdaderos guerreros. Querer indagar en los supuestos y los convencimientos que abogamos es un oficio de plomeros, cirujanos, enterradores y magos. Implica la honestidad y un grado de franqueza inaudito. Es desnudarse sin más. Es despellejar la identidad y la verdad porque llegar a comprender que somos el producto de lo impuesto por otros que nos han precedido requiere calmar el carrusel de ideas, aceptar y matar los prejuicios y, más que todo, implica observar el marasmo emocional que se deriva de saber que, del otro lado, hay alguien con igual derecho a su verdad y a su creencia.

Hay que respirar aún más profundo cuando la ideología se atraviesa o la conciencia de un mundo mejor se instala para ser dictadura. Pero respirar profundo puede no ser suficiente. Requiere de inteligencia y acción cotidiana para cazar el lugar desde el que hablamos y opinamos. Requiere de serenidad emocional para aceptar que la propia creencia, llámese budismo, islamismo, catolicismo, comunismo, yoga, política, desarrollo, progreso, arte, ateísmo, no es sino un prisma parcial y particular. Cada quien se hace a su bandera, se viste con ella y va deambulando, predicando su verdad como si fuera única.

Observar con desapego aquello a lo que nos hemos adherido es una vía para aumentar la perspectiva, ver el paisaje y eludir los fanatismos y las intolerancias. Ir más allá de las fronteras requiere valor, pero no aquel coraje del conquistador que domina su nuevo territorio sino la audacia de quien acoge el silencio, observando, para abrirle paso a las múltiples voces y ser consciente de su propia limitación cultural. En una sociedad sorda y gritona, bajarle el volumen a las creencias es la única vía para un camino de paz y ver si, al fin, como membranas porosas, podemos vivir sin matarnos y abrirnos al contagio de lo que los otros son.

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rodrivela

Sab, 07/06/2013 - 07:52
Gran sensatez en esta juiciosa mirada. La perspectiva no puede ser más que eso, perspectiva, forma de mirar, lugar desde el cual la vista alcanza ciertas percepciones. Y todo lugar se define por sus coordenadas, precisas, puntuales." Perspectiva Total" es un absurdo, una contradicción en los términos. Por ello lo más sensato es comparar las perspectivas, conversar con otros para agrandar el propio horizonte. La historia de la humanidad ha recorrido un tortuoso camino en tal sentido, desde la primitiva afirmación del Libro de Kalila y Gimna "Toda diferencia engendra odio" pasando por cuanta guerra disfrazada de religiosa, revolucionaria o democrática hasta la tímida tendencia que asoma en el horizonte, la misma que anuncia Diana Castro (podemos conversar desde diversos lugares)
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opinador82

Sab, 05/25/2013 - 13:33
Corrección: Amaestran y supuestos
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opinador82

Sab, 05/25/2013 - 13:29
En una sociedad en la cual los niñ@s, ven a sus mayores siempre hablando de otros seres humanos (para bien o para mal) sin estos aludidos estar presentes, el chisme es una forma normal de la vida; además esas mismas criaturas, estan criados como perros o cualquier otro animal irracional, los cuales se amestran (en el caso humano, se educan) a base de premios y castigos; si el niñ@ cumple con las reglas que para sus mayores son verdaderas, merecen un premio; pero si se sale de sus expectativas,entonces se le castiga y siempre están en pos de quedar bien con los demás.Cuando ya somos adultos estos supestos siguen rigiendo nuestras vidas y terminamos la vida viviendo esas existencias ajenas que nos alienaron y por eso son tan patéticos los adoctrinados, quienes no son guerreros; sino soldados
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morenoelesceptico

Sab, 05/25/2013 - 05:09
Yo me conformaría con saber que ya no encadenan a la gente por el cuello para reeducarla. No es mucho, pero sería un paso.
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rodrivela

Sab, 07/06/2013 - 07:56
Sería un buen comienzo, eso de soltar a la gente del cuello, pero sería mucho mejor si asumimos que a todos nos conviene reeducarnos, tantas veces oprimidos con "verdades" de toda laya.
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