Por: Juan Pablo Ruiz Soto

Contaminación y deuda social

La contaminación ambiental tiene un doliente claro: la sociedad, los costos los asumimos todos. De la contaminación del aire, sus impactos se distribuyen de manera más o menos democrática entre los habitantes de la ciudad, pero afectan con mayor intensidad a niños y ancianos y a los conductores de tiempo completo.

Los primeros, dolientes pasivos, no son agentes contaminantes, pero son los más vulnerables a las enfermedades respiratorias agudas. Los segundos, en su mayoría conductores de vehículos diesel, que utilizan combustible de muy mala calidad y un parque automotor obsoleto y con pésimo mantenimiento, son agentes móviles contaminantes que, por su lugar y tipo de actividad, tienen durante toda su jornada de trabajo la nariz a la altura del exhosto y absorben permanentemente cantidades de partículas contaminantes, en buena parte emitidos por los tubos de escape de los vehículos que ellos conducen.

Según estudio del Banco Mundial, en Colombia los costos sociales derivados de la contaminación del aire urbano equivalen al 0,8% del Producto Interno Bruto; en 2006 representó una cifra cercana a 2 billones de pesos.

Como lo demuestra el Análisis Ambiental Estratégico en materia de Política Energética y de Combustibles que acaba de presentar al país el Ministerio de Medio Ambiente, los niveles de contaminación del aire son críticos, las causas del deterioro son múltiples y se requiere actitud y compromiso ciudadano y voluntad política para mejorar la situación. El parque automotor emite más del 50% del material particular contaminante. Las razones son la mala calidad del combustible, deficiencias administrativas para obligar al cumplimiento de las normas, obsolescencia tecnológica, desacato a la norma de reposición y chatarrización de los buses e incumplimiento de las normas y señales de tránsito.

La calidad del diesel que usamos es propia de países con gran atraso económico y social, como Nepal y el África pobre. Mientras Europa y Estados Unidos usan un diesel con emisiones de azufre entre 15 y 20 ppm, nosotros estamos usando a nivel nacional un diesel que emite 4.000 ppm, contaminando 200 veces más que el que se usa en países desarrollados. Bogotá, la ciudad con la peor calidad del aire en Colombia y la tercera más contaminada de América, está usando, según Ecopetrol, un diesel que emite 1.000 ppm.

Según el proyecto de ley que acaba de ser aprobado por la Cámara de Representantes, para el 2008 el diesel en Bogotá debe estar máximo en 500 ppm y para el 2010 en 50 ppm. La propuesta de Ecopetrol es que a partir de 2010 entregará a Bogotá diesel que emite 50 ppm, cumpliendo así con la Resolución 180158 de 2007, y al resto del país uno con 500 ppm para el 2010 y 50 ppm para el 2013. Si la ley se aprueba y aplica, el año entrante estaremos usando en Bogotá un diesel que contamina 50 veces más que el que hoy usan los países desarrollados y para el 2010 uno que contamina tres veces más.

Estamos en la edad de piedra en términos de calidad del diesel y, como bien lo señaló el pasado martes el ministro Juan Lozano en la presentación del documento "Lineamientos de política de energéticos, incluidos los combustibles líquidos y sus precios en Colombia", el país tiene un sobregiro en materia de calidad del aire. Es una vergüenza colectiva y una tragedia, la calidad del diesel que usamos.

Pensando en construir futuro, es importante que Ecopetrol cumpla con los compromisos adquiridos y que funcione de manera efectiva la recién creada Comisión Técnica Nacional Intersectorial para la Prevención y Control de la Contaminación del Aire, Conaire, propuesta en el documento Conpes del 2005, presidida por el Ministro de Medio Ambiente y de la cual forman parte el DNP y los Ministerios de Minas y Energía, Transporte, Salud y Protección Social e Ideam y Ecopetrol.

Para 2002 estaba el compromiso de reducir las emisiones de azufre a 500 ppm en todos los combustibles que se usaran en Colombia. Esta meta se postergó al 2004 y luego al 2008. Ahora Ecopetrol se compromete a llegar a las 500 ppm a nivel nacional para el 2010. Mientras se postergan los compromisos, los niños y ancianos siguen enfermando y la sociedad en su conjunto paga los costos derivados de este retraso. Bien vale preguntarse si no es tiempo de que Ecopetrol asuma su responsabilidad por haber dilatado el cumplimiento de sus compromisos y asigne parte de sus utilidades para apoyar el sistema de salud pública que hoy, por causa de la mala calidad del aire, tiene que atender diariamente más casos de enfermedades respiratorias crónicas y de cáncer. Esta sería una medida mínima de compensación.

* Economista con especialidad en manejo de recursos naturales en el Banco Mundial. Los puntos de vista aquí expresados no representan ni pueden atribuirse a la entidad para la cual trabaja.

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