Por: Mauricio Albarracín

Contra los maricas

Vienen los maricas y me hacen una campaña aquí frente a la iglesia… porque marica es… son maricas, me da mucha pena pero maricas son… Eso es lo que son unos maricas… El roscograma… Roscón en cacacho es marica”. Con estas palabras el pastor Miguel Arrázola se refería al periodista Lucio Torres a quien, además, el pastor lanzó diversas expresiones amenazantes, como contó Noticias Uno en su más reciente emisión.

¿Qué significa que el pastor Arrázola use insultos homofóbicos en medio de una amenaza de muerte contra un periodista? ¿No resuena acaso el aquel “le voy a dar en la cara marica” de Álvaro Uribe contra “la mechuda”? ¿No fue acaso Alejandro Ordóñez quien dijo a Vicky Dávila que la homosexualidad era un “desorden de la naturaleza”?

En principio hay la injuria. La que cualquier gay puede oír en un momento u otro de su vida, y que es el signo de su vulnerabilidad psicológica y social. “Sucio marica” no son simples palabras emitidas casualmente. Son agresiones verbales que dejan huella en la conciencia”. Así describe Didier Eribon el poder de la injuria en la construcción de la subjetividad de los gays. Eribon agrega que la injuria es una representación del poder que indica que las personas que la pronuncian tienen la posibilidad de herirnos, de reducirnos, de disponer de nosotros. Declarar nuestra anormalidad es el veredicto de nuestra estima. 

La homofobia y el sexismo son las dos banderas que enarbolan la más furiosa movilización fundamentalista impulsada por católicos lefevristas y algunos pastores evangélicos radicales. Una pieza central de su retórica es el insulto y la demonización: hacer creer que somos los enemigos de la familia y de la patria. Convertirnos en brujas a las que se debe cazar y humillar,hacer creer a nuestras familias y vecinos que somos el diablo que acabará con los niños. Bien recordaba Umberto Eco que una de las señales del Ur-fascismo o del fascismo eterno era exacerbar el miedo a la diferencia y la diversidad. Así se fortalece el machismo y el heroísmo que garantiza la guerra perpetua. Patear maricas los hace más machos y de paso advierten a otros de su arbitrariedad.

Una semana antes de que el pastor Arrázola hiciera su prédica contra los maricas, se había reunido con Alejandro Ordóñez, quien participó en actividades políticas en la Iglesia Ríos de Vida en Cartagena. En estos últimos días, Ordóñez también se ha reunido con otros apóstoles del odio como la diputada santandereana Ángela Hernández y el pastor digital Oswaldo Ortiz. Y como tejiendo una telaraña, unos días atrás Ordóñez se reunió con Álvaro Uribe, quien ya ha dado claras instrucciones para que el Centro Democrático incorpore la homofobia en el centro de su programa político. Según Uribe, se debe respetar la “intimidad homosexual”, pero “ sin igualar estas parejas al matrimonio heterosexual” porque la “la intimidad no tiene porque desafiar a las leyes naturales”.

La homofobia y el sexismo hacen parte del corazón del proyecto autoritario que quiere triunfar en las elecciones del 2018. Si la extrema derecha vuelve a la presidencia y fortalece su bancada en el Congreso, está garantizado que tendremos un gobierno lleno de insultos, humillaciones y retrocesos contra nosotros, los maricas. Es hora de prepararnos para resistir desde la vida cotidiana y en el debate político.

* Investigador de Dejusticia [email protected] @malbarracin

Buscar columnista