Por: Aura Lucía Mera

Las cosas como son

Primero que todo, un feliz 2013 a todos los que me leen, los que me leen a hurtadillas, los que no les gusta nada de lo que escribo, a los que sí les gusta. Creo en el número trece. Me trae suerte.

Me pongo en el lugar de los supersticiosos, aquellos que en los ascensores de sus edificios suben directo del 12 al 14, los que jamás se sientan a una mesa si son 13 los comensales, los que cruzan los dedos todo el año porque cada mes tiene un día 13, etc. Imagino se irán a vivir a Marte, o se convertirán a otra religión, donde el calendario ya va mucho más avanzado que el nuestro. Me gusta tanto el trece, que no boté a la fogata el muñequito de Año Viejo. Lo convertí en el depositario de todas las ilusiones del Nuevo 13.

Acaba de terminar la Temporada Taurina en Cali. Cañaveralejo milagrosamente empezó a retomar la alegría y el colorido que había perdido durante los últimos años. Las tres últimas corridas estuvo la Copa prácticamente llena, con los abanicos aleteando como mariposas de colores, la manzanilla de las botas curtidas pasando de mano en mano.

Cambio de tercio. Lo escribo, porque lo pregunté en público y se me respondió en público. Es decir, con gente alrededor. Sí. Le pregunte al maestro César Rincón, de frente, lo que se viene murmurando entre bambalinas y casi nadie se atreve a ponerlo en el tapete. Primero le aclaré que mi pregunta venía como periodista. Porque como matador de toros, lo admiro. Estuve en su despedida en Sevilla, recuerdo cuando se levantó de la arena bañado en sangre y siguió lidiando con una pasión indescriptible. Estuve también en Quito, Cali y Bogotá en sus últimas corridas. Fui testigo de su conversatorio en el Club Unión de Quito con el periodista Zabala y recuerdo cuando describió la faena como la relación de dos seres humanos.

Primero, saludo y distancia. Poco a poco, darse a conocer mutuamente. Concluyendo “desgraciadamente, muchos toros, como muchas personas, se nos van antes de que podamos conocerlas...”.

Le pregunté si era verdad que estaba coqueteando con el alcalde Gustavo Petro sobre la conveniencia de dar corridas sin la muerte del toro. Y que si en el trasfondo lo que deseaba era ser el empresario de la Santamaría. Me respondió que él no era ni pensaba ser empresario. Personalmente pienso que hace años tampoco pensó ser nunca locutor de toros ni de sus propias corridas. Y sobre la posibilidad de no matar al toro, respondió algo ambiguo sin mucha convicción, como que “a las nuevas generaciones...”.

Es lícito aspirar a ser el empresario de la plaza de toros de Santamaría. Cualquier persona natural o jurídica puede entrar en la licitación. Una verdadera pena que Felipe Negret no continúe en el timonel. Durante años demostró su honestidad y criterio. Paró la Santamaría, que se había convertido en un nido de ratas.

Lo que no es ético, maestro Rincón, es que precisamente usted, el mejor matador del toreo contemporáneo, se le ocurra siquiera pensar en la posibilidad de mutilar la Fiesta Brava para lograr su propósito. Creo que si es cierto, los aficionados que nos hemos recorrido muchas plazas para verlo y admirarlo, no se lo perdonaríamos jamás. He dicho.

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