Por: Eduardo Sarmiento

Crecimiento endeble

La información de las cuentas nacionales reveladas por el DANE es mejor en la forma que en el detalle. Las tendencias contractivas se mantienen y no permiten avizorar un cambio en el segundo semestre.

La mejoría del segundo trimestre se explica principalmente por la Semana Santa; en este trimestre se trabajó cuatro días más que en el año anterior. En el semestre la economía creció 3,4%, muy por debajo de la predicción oficial de 4,5 para el año. El peor desempeño se registra en la industria, que cayó 1,6%. Por lo demás, el crecimiento se origina en pocos sectores que crecen a altas tasas que no son sólidas. Así, el aumento de 22% del café obedece al mal desempeño de años anteriores y coincide con el derrumbe de los precios y billonarios subsidios. Los elevados incrementos de la construcción de edificaciones y obras civiles no tienen una contraparte en el cemento y los materiales de construcción y el empleo, que descienden en las encuestas del DANE. Por su parte, los sectores que dominaron el panorama en la última década, como la minería, el comercio y los servicios, decaen en forma considerable con respecto a la tendencia histórica y la reciente.

Si bien las predicciones y las modificaciones proliferan, no se ha avanzado en el diagnóstico de las causas de la caída. El primer candidato es el abaratamiento de las importaciones. Buena parte de la elevación del ingreso de la última década provino del aumento en los términos de intercambio por la adquisición de productos a bajos precios en el exterior por el desmonte arancelario y la baja de tipo de cambio. Pero eso no podía durar infinitamente. El aumento de las importaciones terminó destruyendo el valor agregado y el empleo. Aún más, configuró un déficit en cuenta corriente de 3,5% del PIB que se ocultó por los altos precios de los productos básicos y ahora se verá ampliado por la inminente caída. No es algo que se pueda absorber sin traumatismos. De seguro le propinará a la economía un fuerte choque de demanda efectiva.

El país está sufriendo lo que se anticipó durante varios años. En múltiples columnas señalamos que el deterioro de la industria y la agricultura y el cuantioso déficit en cuenta corriente conducirían a un estado de difícil retorno. Las advertencias contrastaban con el optimismo del Banco de la República y los organismos internacionales. Tan solo ahora, ante la evidencia de las cifras, en los círculos nacionales e internacionales se reconoce la vulnerabilidad de la economía. Sin embargo, no se ha avanzado en una estrategia para enfrentarla.

En cierta forma, se confirma que la organización del Banco de la República no está en capacidad de enfrentar la inestabilidad mundial. Las alteraciones externas no pueden ser contrarrestadas con la modalidad de cambio flexible y la política de tasas de interés. La intervención del Banco en el mercado cambiario, de nuevo, no ha dado los resultados anunciados; en los últimos seis meses; la devaluación no llega a 5%. Los hechos están conduciendo a regañadientes a revindicar los aranceles y modificar el régimen cambiario.

La economía no está bien. Las tendencias declinantes y la inestabilidad persisten y las acciones para enfrentar el debilitamiento de la balanza de pagos han resultado infructuosas. Lo mismo se observa en los indicadores avanzados del segundo semestre; en julio se registraron caídas de las exportaciones y la producción industrial, se acentuaron las bajas de las cotizaciones internacionales de productos básicos y se elevaron las tasas de interés de largo plazo. Todo apunta a que la economía crecerá cerca de la predicción de 3,5% que publiqué al principio de año.

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