Por: Rafael Orduz

Criminales banales

Asesinos en serie (un H.H. que confiesa 3 mil ejecuciones, o quienes ordenaron la masacre de Bojayá), que parecen personas comunes, en el peor de los casos grises y obedientes... como Hanna Arendt percibió a Eichmann hace más de 50 años.

Hanna no se podía perder el juicio a Adolf Eichmann en Jerusalén. Como judía alemana tuvo que soportar la persecución nazi, tanto en Alemania como en Francia, para finalmente radicarse en EE.UU. Meses después de que el Mossad, servicio de inteligencia israelí, lograra sacar a Eichmann de Buenos Aires, se inició juicio en su contra en 1961 en Jerusalén.

Lo cubrió para el Newyorker en 1961 y, posterior a la ejecución del criminal, la compilación apareció como Eichmann en Jerusalén: un informe sobre la banalidad del mal. A raíz de los 50 años se ha estrenado en Nueva York la película Hanna Arendt, de la alemana Margarethe von Trotta, y se desempolvan las reacciones frente al libro.

Eichmann logró burlar el juicio de Nüremberg y el cerco aliado y, como varios asesinos nazis prominentes, establecerse en el sur de Suramérica. Nazi con carné, miembro de las SS, fue diligente en extremo en Dachau y en el asesinato de centenares de miles de judíos húngaros. Responsable, como muchos, castigados o no, del Holocausto.

Arendt, con su pluma de cuchilla, no dejó títere con cabeza, lo que le provocó persecución y campañas de descrédito en los EE.UU., algunas provenientes de la misma comunidad. Comenzando porque no se refirió a Ben Gurión en buenos términos atribuyéndole un montaje innecesario del juicio y, también, por sus alusiones a (según ella) ciertas actitudes colaborativas de los “Judenrate” (consejos de judíos) en tiempos del Holocausto.

La Alemania de posguerra y su justicia salen muy mal librados. A nadie en Alemania se le ocurrió pedir a Eichmann en extradición. De 12.000 jueces alemanes en los procesos de “desnazificación”, Arendt dice que 5.000 habían trabajado bajo Hitler. Las penas irrisorias a nazis y la impunidad rampante son una de esas deudas alemanas pendientes.

El meollo, sin embargo, está en la personalidad de Eichmann según Arendt. Efectivamente, muchos criminales de guerra modernos son “gente normal” y, en el caso de este asesino, un burócrata en la cadena de exterminio, incluso tímido, incapaz de pensar por sí mismo. Igual podría trabajar en una notaría que en un campo de concentración.

Un tema central en el debate de hoy consiste en que si bien Arendt tiene razón de cara a la categoría de criminales de guerra, no lo es en el caso de Eichmann. Antisemita y concientemente diligente en tareas de exterminio, quería, por ejemplo, a fines de 1944, cuando era previsible el colapso del imperio de los 1000 años, que la fatídica “solución final” de Hitler fuera realmente final.

No obstante, la banalidad en la mayoría de criminales predomina. Las masacres de colombianos, ejecutadas de lado y lado, han sido perpetradas y ordenadas por individuos sin muestra de arrepentimiento, como actos banales.

 

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