Por: Mario Morales

Cruel rutina

En otra parte serían de colección, de seguimiento, de reclamación: dice la Minjusticia, como si ella no fuera la Minjusticia, que le suena que detrás de la dilación del paro judicial hay fuerzas oscuras para hacer una reforma por la puerta de atrás y permitir la salida de la cárcel de numerosos investigados por vencimiento de términos.

Dicen los oficiales que también cuidan, como si ellos no fueran los que lo cuidaran, al exalcalde Samuel, detenido en la Escuela de Caballería, que su presencia en una celebración de cumpleaños fue por pura casualidad.

Dicen en el Gobierno y en los entes a cargo, como si no fueran Gobierno y no estuvieran a cargo de esa labor, que fallaron los controles en el caso Interbolsa, del que algunos vaticinan como la pirámide presuntamente más grande de la historia.

Dicen en la Cancillería y en la comisión asesora que no hay que iniciar una guerra de micrófonos por la mutilación del archipiélago de San Andrés, como si ellos no hubieran empezado esas escaramuzas verbales desde el mismo día del fallo.

¿Qué cabe esperar de la elección de procurador? ¿Del fallo de la masacre de Mapiripán?

Al menos en eso están de acuerdo. Y funciona. Esa enorme habilidad de escindirse, de partirse en dos, de hablar desde un cuerpo ajeno, es el teflón que mantiene atornillados a los funcionarios de este gobierno, que lo son a la hora de la nómina y la vitrina, pero que se transmutan en su “organismo de control” para denunciar sus propios yerros, su ineptitud. Opacan con aplausos los chiflidos. Y se ganan la inmunidad.

Cruel rutina de esquizofrenias inducidas en la opinión pública que sólo interrumpen propuestas “geniales” como esas, que esquivan los titulares de estos días, de cambiar el escudo patrio por uno más pequeño, más actual; o reformar el himno nacional por uno georreferenciado; o romper todos los pactos, desfirmar los acuerdos, refundar la patria... A barajar de nuevo...

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