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Diego Aristizábal 10 Mar 2013 - 11:00 pm

Cuadernos de mal gusto

Diego Aristizábal

La semana pasada la Sala Disciplinaria del Consejo Superior de la Judicatura negó una acción de tutela que pretendía eliminar las imágenes de "mujeres semidesnudas, en poses sugestivas" en las portadas de los cuadernos escolares.

Por: Diego Aristizábal
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Según el demandante, este tipo de portadas iban en contra de la moral y las buenas costumbres y no eran aptas para menores de edad.

No me interesa analizar el fallo y mucho menos discutir si esto en realidad perturba la moral y las buenas costumbres, que cada quien manipula según le convenga o según el interés que tiene de ganarse un falso altruismo, lo que quiero plantear es que detrás de cada una de estas portadas “semidesnudas” lo único que hay es un profundo mal gusto. Y digo mal gusto porque lo que vemos en ellas es un aburrido catálogo de ropa interior o de vestidos de baño. No hay arte, no hay un trabajo gráfico innovador y por eso ni siquiera ayudan a mejorar el nivel de la educación de este país.

Si detrás de estos cuadernos al menos se vendiera erotismo la cosa sería distinta, pero nada de eso se ve detrás de unas fotografías planas que se repiten incansablemente cada año con una modelo diferente que apenas intenta ser original con el cabello crespo si últimamente está de moda el pelo liso. Se repiten las misas poses, los mismos gestos, la misma seriedad en el rostro, el mismo cruce de pierna, la misma playa, la misma pared, el mismo color de piel gracias a la exposición mágica del mejor embellecedor de todos: el Photoshop.
Y así entonces el gusto se deshace. Si al menos las editoriales se esforzaran por hacer algo distinto los jóvenes estudiantes lo agradecerían; de lo contrario mejor seguir comprando los intrépidos cuadernos de Kung Fu Panda, las tiernas mascotas o los evolucionados cuadernos de “Peluches” que nunca pasan de moda.

Pero volvamos sobre el cuerpo, sobre la insinuación. Para mostrar la belleza del cuerpo, tanto del hombre como de la mujer, deberíamos inspirarnos en las imágenes de Botticelli, Tiziano Vecellio, Cabanel, Gustave Courbet, Bernini, Suzanne Ballivet, Berthomme de Saint-André, Picasso, en fin, la lista sería larga y placentera. Pero no, para el mercado éstos ya no son referentes de belleza.

Ojalá los jóvenes estudiantes pudieran disfrutar en realidad de un bello cuaderno erótico que sirva para poner a volar la imaginación mientras estudian geografía o español. Me imagino un rostro similar como aquel de Santa Teresa, escultura magistral de Bernini, cuando se puede despejar la “X” de una compleja ecuación.

Desde luego en este país tan mojigato nunca tendremos cuadernos con imágenes eróticas, eso ofendería a la dignísima moral de nuestra sociedad; lástima porque con portadas de buen gusto, con imágenes realmente sugestivas y evocadoras, podríamos dar al menos una discusión seria sobre lo que es o no la moral y las buenas costumbres cuando se habla del cuerpo. Quizá por eso si queremos que los cuadernos incentiven el conocimiento, lo mejor sería volver sobre los griegos quienes creían que el erotismo culmina con el culto a la belleza justo al unir los placeres del cuerpo con los de la mente.

desdeelcuarto@gmail.com / @d_aristizabal 

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