Por: Antieditorial

¿Cuáles éxitos en el ICBF?

Por Edgardo Salebe Morr

Alejado de toda realidad lo reseñado sobre el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en el editorial “Cuidado con el ICBF”, del pasado 3 de agosto del 2017 en El Espectador.

En lo que toca a que la directora saliente, ¿cómo se dice que “fue coherente y ambiciosa en su proyecto de reforma y de limpieza”? Ni reforma, ni mucho menos limpieza se puede predicar de dicha institución, y no de ahora, sino desde décadas. Pregunto: ¿en qué se fundamentó el editorial para tal afirmación? Y ¿a qué “cambios estructurales” en el interior del ICBF se refiere la exdirectora? Ninguna de las dos afirmaciones cuenta con fuentes fidedignas o evidencias que demuestren tales aseveraciones.

Nada difícil resulta refutar lo anterior, puesto que el ICBF ha sido y es, sin duda, uno de los tantos organismos del Estado donde campean el clientelismo y la corrupción, asunto este que se agudizó con el caso de La Guajira y en donde el cáncer de la corrupción hizo metástasis en los recursos destinados a atender la infancia. Por mucho que se diga que se logró judicializar a muchos operadores amparados en redes de corrupción, esta situación es sólo una muestra de la magnitud del problema.

El mismo editorial anota que quien iba a reemplazar a la exdirectora provenía del Partido Liberal y, aunque se dice que el nombrado no aceptó el cargo, ya se vinieron a ver un cúmulo de críticas por dicho nombramiento, en razón a su falta de experiencia para atender asuntos de infancia, niñez y adolescencia, amén de haber tenido una exdirigencia deportiva también cuestionada en un equipo de fútbol capitalino.

Asunto este que confirma que el instituto en comento está acosado por el más puro y nefasto clientelismo, y más aún en el ocaso de un Gobierno al que lo que menos le interesa son las nuevas generaciones. Ahora bien, no debe olvidarse que, al ser el ICBF un fortín político de los diferentes partidos que han aglutinado las mayorías de los gobiernos en el poder, les ha servido para fuente de votos cautivos y en especial para las madres comunitarias, que las aprovechan para esta bajeza y ni siquiera tienen un trabajo pleno de garantías y prestaciones laborales, con el cuento de que no hay dinero para estabilizar su trabajo.

Prueba de lo expuesto: un sector político privilegiado en el departamento del Atlántico detenta el poder del instituto desde por lo menos la década de fines del siglo pasado. Entonces, ¿de qué cambios estructurales se habla?

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