Por: Tatiana Acevedo

Cuando el pesticida es otra plaga

La revista Science afirma que somos uno de los países que más utilizan pesticidas. Aplicando un promedio de 15,3 kilogramos de químicos por hectárea cultivada, entre 2005 y 2009, Colombia ha usado más pesticidas que Perú (2,4 kg por ha), México (4,5) o Chile (10,7).

 La publicación afirma que pese a contribuir a la alimentación del mundo (y reforzar la lucha contra epidemias como la malaria), herbicidas, insecticidas y fungicidas son una amenaza para los humanos y el medio ambiente. También resalta estudios epidemiológicos que sugieren una asociación directa entre pesticidas y el riesgo de enfermedades neurodegenerativas.

Señala además que países que emplean grandes cantidades de químicos entran en un círculo vicioso: plagas que comienzan a desarrollar resistencia a ciertos químicos y agricultores que los aplican más y más. Cuando el producto se hace inocuo, compran productos más tóxicos y caros. Hasta que los insumos se hacen costosísimos.

Pese a que por estos días se le achaca al TLC el uso indiscriminado de plaguicidas, la tradición de fumigación, hija de la revolución verde, es más vieja que cualquier tratado y está intrincada en la vida cotidiana de muchos cultivadores.

Otros países en los que el uso de estos químicos se salió de madre han lanzado campañas para reducir su uso. En Vietnam se llegó a emitir una telenovela cuya moraleja era que ciertas fumigaciones son innecesarias (así se hubiera dicho lo contrario dos décadas atrás para invitar a la modernidad). Y en Australia se implementaron alternativas complementarias (destrucción de semillas de malezas, rotación de cultivos y policultivos).

Con todo, no se espera del Estado colombiano ninguna novedad, ensimismado como está, hace décadas, fumigando gente y coca con glifosato.

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