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Andrés Hoyos 15 Ene 2013 - 11:00 pm

Cuando falla el coraje

Andrés Hoyos

No sé si en Uruguay se use el dicho: “mató el tigre y se asustó con el cuero”, pero es exactamente lo que acaba de pasarle a José Mujica, el veteranísimo presidente de ese país.

Por: Andrés Hoyos
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Don Pepe vive con su mujer en una granja en las afueras de Montevideo, se hace el propio desayuno y dona el 90% de su sueldo para obras sociales. Aclarando que los que consideran pecado los placeres de la vida siempre me han caído regular, de algo sí estoy seguro: al presidente de un país hay que juzgarlo por los frutos que da, no por sus hábitos, y don Pepe prometía uno crucial: la legalización controlada de la marihuana en Uruguay. Digo bien “prometía”, porque el hombre leyó por ahí una encuesta en la que el 64% de sus compatriotas se opone a la medida y de inmediato se le arrugó el coraje y frenó en seco, pese a que todavía tenía las mayorías parlamentarias necesarias para pasar la ley. Quizá un poco avergonzado por el ruido previo, Mujica dice que el proyecto no ha salido de la agenda, aunque es casi seguro que la demora acabe por hundirlo.

Así, la bendita guerra contra las drogas se sigue viviendo patas arriba: mientras los gringos saltan en masa del barco del prohibicionismo, y en Colorado y Washington se aprestan a enrollar sus cigarrillos de cannabis sin el menor remordimiento, el presidente de Uruguay, quien a sus 77 años tendría que estar curado de espantos y no va a necesitar la popularidad para nada, se asusta con una pinche encuesta.

Supongo que a don Pepe los apremios de la agricultura artesanal no le han permitido enterarse de que muchas evoluciones políticas cruciales en el mundo —la separación de la Iglesia y el Estado, la abolición de la esclavitud, el voto femenino, la vigencia de los derechos civiles— no contaban en su momento con una aprobación mayoritaria, lo que no evitó que tal cual político valiente —los hay— las dejara instaladas en la vida colectiva. Pero es que don Pepe quiere aplausos, quiere palmaditas en la espalda, quiere que le digan “buena esa, presidente”, y así no se puede.

Luego, la semana pasada, don Pepe no tuvo mejor idea que meter la pata otra vez yéndose de paseo a la inauguración in absentia de Hugo Chávez. Allí, por si su presencia en el país no fuera suficiente mensaje, nos recetó al resto del continente más aventureros por el estilo del hoy enfermo teniente coronel venezolano. Supongo que don Pepe también nos está recetando el descubrimiento de inmensos yacimientos petrolíferos sin los cuales el modelo chavista es impracticable. ¿Que en la ceremonia de la silla vacía en Miraflores el chavismo se pasó por la faja la letra y el espíritu de la Constitución que Chávez firmó y que en el proceso se comprobó que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela es una corte de bolsillo a la que, si muere el caudillo, le tocará deambular sin amo por las calles del país? Esas lindezas de fina antidemocracia poco o nada le dicen a Mujica, porque no salen tan mal libradas en las encuestas.

Para ser justos, el gobierno de Mujica sí promulgó una ley de aborto muy liberal (no sé qué decían al respecto las encuestas), que vale como premio de consolación. Según el propio Mujica, “el poder no cambia a las personas, sólo revela quiénes realmente son”. Pues bien, en su caso el poder revela que estamos ante un exguerrillero timorato con pocas ganas de pasar a la historia.

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