Por: Rodrigo Lara

Las cuatro formas de robarse unas elecciones

Colombia tiene uno de los sistemas electorales más arcaicos, vulnerables y corruptos del mundo.

Para un candidato inescrupuloso, obtener una curul sin ganarla en las urnas es fácil: basta con tener dinero para pagar los bien establecidos servicios de funcionarios que hicieron de la adulteración de los resultados electorales un negocio. Las elecciones se las roban antes del día de elecciones, durante las elecciones y después de las elecciones. Estas son las cuatro infames modalidades de fraude electoral.

La primera modalidad consiste en “prepagar” un paquete de votos. Con anterioridad a los comicios, elementos de la Registraduría ofrecen paquetes de 5.000 o 10.000 votos. Así, un candidato puede arrancar con un “case” de diez mil votos fraudulentos, que le serán añadidos el día de las elecciones a través de la manipulación de los sistemas informáticos de transmisión y conteo de votos. Es un mecanismo imperceptible, por cuanto le diseminan esos votos comprados en las más de 90.000 mesas de votación del país.

En segundo lugar, un candidato inescrupuloso puede comprar un paquete de votos fraudulentos durante el conteo de los votos. El iter criminis empieza, por ejemplo, con un apagón en un municipio, como pasó en Soledad (Atlántico) en las últimas elecciones de Congreso; cuando se restablece el servicio de energía, le aparecen a un candidato los votos necesarios para pasar a otro que le lleva la delantera.

La tercera opción consiste en sobornar a los jueces y a los delegados del Consejo Nacional Electoral encargados de realizar los escrutinios municipales y departamentales. Después del día de elecciones, los resultados electorales entran a un proceso de revisión a nivel municipal y departamental, llevado a cabo por los funcionarios citados a fin de resolver, discrecionalmente, las solicitudes de revisión del conteo de votos realizado el día de elecciones. La corrupción consiste en abrir aquellas bolsas, a las que previamente les han introducido tarjetones adulterados a favor de un candidato, y así aumentar su votación.

El último eslabón del robo de elecciones está en el Consejo Nacional Electoral. Este órgano, compuesto mayoritariamente por políticos oscuros, se inventó un reglamento que le permite revisar —discrecionalmente— los resultados electorales en las mesas de votación que les venga en gana. De esta forma, los magistrados revisan las mesas de votación que soliciten los candidatos que quieren favorecer y, por los mismos hechos, les niegan idénticas solicitudes a los que quieren perjudicar. Y ¡oh casualidad!, a los candidatos favorecidos por las revisiones del CNE les aparecen nuevos votos; así mismo, a los candidatos que quieren perjudicar les anulan —con inusitada severidad— los votos necesarios para terminar de sacarlos del camino.

Cada día es más notorio y evidente el fraude electoral en el país. Es muy peligroso que los colombianos pierdan la fe en el sistema electoral, y que se propague la idea de que las elecciones no las ganan los ciudadanos con su voto, sino los corruptos con su dinero. Urge una limpieza del sistema electoral.

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