Por: Gonzalo Silva Rivas

Cuento chino

La mayor disputa comercial del mundo tiene como protagonistas a Estados Unidos y Europa. Los apoyos oficiales que otorgan a sus emblemáticas empresas constructoras de aviones rompieron la pita la semana pasada, al cursarse ante la OMC la solicitud europea para que se le permita imponer sanciones a Washington por la concesión de subsidios ilegales a la Boeing.

El enfrentamiento se remonta a 1992 -epílogo de los primeros roces- con la firma de un marco de acuerdo. Sin embargo, se ventila acremente en 2004 a raíz de una queja presentada por EE.UU a la Organización Mundial del Comercio ante los subsidios estatales que recibía Airbus. Tal ayuda le permitió reducir los precios de venta de sus aviones, consolidarse en la competencia y alzarse con buena parte del mercado, donde Boeing tenía arraigada posición dominante. En pocos años la desbancó. Airbus se convirtió en el mayor constructor global de aviones.

Con una contrición mutua y la aceptación de los efectos negativos que para el sano comercio representan las ayudas públicas a sus fabricantes aeronáuticas, en marzo pasado EE.UU. y los dueños de Airbus -Francia, Alemania, España y Reino Unido- se comprometieron a corregir acciones, desmontar subsidios y ponerle punto final al pulso proteccionista, en un plazo de seis meses que venció en septiembre.

Las promesas no se plasmaron en hechos. La Unión Europea acudió entonces a la OMC para acusar a Estados Unidos de persistir en las subvenciones ilegales a través de la NASA y el Pentágono, y requerir su permiso para imponerle sanciones por US$12 mil millones anuales. Para los europeos, el Boeing 783 Dreamliner, recién fabricado, es el avión más subvencionado en la historia de la aviación, y con una pizca de sarcasmo lo apodaron el Subsidy-Liner.

Los norteamericanos contraatacaron con el argumento de que es Airbus el que sigue recibiendo apoyos oficiales bajo el disfraz de empréstitos, y amenazaron con aplicarle sanciones a su contraparte por US10 mil millones. Dichos préstamos alcanzan los US$19 mil millones, cinco veces más que las ayudas a Boeing que bordean los US$4 mil millones. “La U.E. está cometiendo faltas mayores”, afirmó confesando culpa el embajador gringo ante la OMC.

De este forcejeo hay algo que queda en claro: en la aviación el libre mercado es puro cuento chino. Como es tradición, los países capitalistas propugnan de puertas abiertas por el libre comercio pero adentro le jalan duro al proteccionismo. Para la muestra cualquier TLC.

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