Por: Mario Morales

Pero que cumpla

Que hacer oposición es más fácil, o menos difícil, que gobernar —como lo están comprobando los funcionarios de izquierda de este país—, también lo saben el expresidente Uribe y sus alfiles. No es sino escuchar a Pacho Santos o a Fernando Londoño dándole palo al presidente Santos.

Una frasecita sonora, un gracejo de doble intención o una pizca de ironía (de la que carecen el expre, el exvice y el exmininterior), terminan por rebotar en redes sociales y luego en los soportes de los medios para llegar a ser comidilla del día y dañarle comida y sueño al gobernante de turno.

Por eso, el anuncio de Santos, que ojalá cumpla esta vez, de “ignorar totalmente” los insultos (porque eso son) de Uribe, es lo más pertinente que se ha escuchado desde que “se rebajó”, rompiendo la promesa con tono de mantra, a responderle al ex, con quien tiene todas las de perder en ese ámbito de los gritos y la cizaña.

Y que ese “totalmente” incluya a su gabinete en pleno y excluya las críticas mediáticas sin fondo de los uribistas, que han encontrado en las pandectas y en los mensajes rastreros su única forma de visibilidad y de propaganda política. La oposición, si es que de veras quieren darla, que la hagan por los conductos regulares, tanto en lo político como en lo legislativo.

Ese temple es necesario ahora que Santos tiene retos ineludibles, caldo de cultivo para las injurias: la discusión sobre el latifundio, las críticas —esas sí fundamentadas— al plan de consolidación y los reparos a las políticas de desmovilización y reinserción; todo ello en la línea de no repetir los errores del pasado en busca de la paz. Y por otro lado están los nubarrones en el clima económico.

A lo que vino, presidente, y esos “opositores”, que se queden hablando solos, al fin y al cabo están acostumbrados.

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