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Jaime Arocha 1 Oct 2012 - 11:00 pm

Cuotas y cátedra de Estudios Afrocolombianos

Jaime Arocha

Septiembre de 2012 terminó con el anuncio de que el Ejecutivo le presentará al Congreso un proyecto de ley de cuotas para la gente de ascendencia africana.

Por: Jaime Arocha
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 Para no volverse inocua, a esa disposición la debe acompañar un mayor compromiso estatal con la Cátedra de Estudios Afrocolombianos. La Ley 70 de 1993 introdujo esa pedagogía para combatir el racismo, resaltando la valía universal de las civilizaciones africanas y los aportes de sus miembros al desarrollo de Europa, el Oriente y las Américas. Infortunadamente, es excepcional el colegio público que no la trate como “costura”, cuando hace años debería ser un conjunto de asignaturas relevante para la totalidad del sistema educativo, incluyendo programas de ciencia y tecnología con investigaciones doctorales sobre temas tan primordiales como el de la propagación de la sostenibilidad ambiental y humana propia de los sistemas ancestrales de producción.

Transcurridos 20 años de la reforma constitucional de 1991, parece absurdo que los opinadores del país aún se refieran a la palabra “afrodescendiente” como capricho de urbanidad política y no al término por el cual optó el Programa de Acción que en 2001 se comprometieron a desarrollar los países signatarios de la Convención Mundial contra el Racismo, la Xenofobia, la Discriminación Racial y las Formas Conexas de Intolerancia celebrada en Durban, Sudáfrica. Buscaron no circunscribir la identidad de los pueblos de África occidental y central a la raza, adicionando los efectos socioculturales de la trata esclavista.

Reducir los indicadores de pertenencia a una comunidad “negra” al color de la piel llevará a excluir de los derechos territoriales, políticos y educativos que define la Constitución de 1991 a personas de pieles con muy distintas coloraciones, quienes tienen todo el derecho de autoidentificarse como negras, afrocolombianas, palenqueras o raizales. Aún rige el supuesto de que de África sólo llegaron negros “puros” y negras “puras”. Sin embargo, desde los inicios del siglo XVII, en su Tratado sobre la esclavitud, el jesuita Alonso de Sandoval ya hacía énfasis en la diversidad de tonalidades de piel de los capturados en las regiones de los actuales Senegal y Malí. La variación obedecía a los contactos con los árabes, asentados en el norte del continente africano desde el siglo VIII, y a la movilidad, no sólo de los pobladores de esa área, sino de las regiones más al sur de las actuales Ghana y Costa de Marfil. Como puede leerse en los artículos 5, 6 y 7 de la Ley 70 de 1993, los distintivos de las identidades comunitarias también radican en las conductas y valores que moldearon las memorias antiguas que portaban los ancestros provenientes de esos sitios o de los de Nigeria, Togo, Benín, Camerún, Congo y Angola. Por su parte, en la sentencia T-25 y los autos referentes a los afrodescendientes desplazados consta que tanto los legados históricos y culturales como el autorreconocimiento han sido fundamentales para que la Corte Constitucional ratifique los derechos étnico-territoriales consagrados por la Constitución. El reto del proyecto de cuotas será reconocer la importancia que la sociedad les atribuye a las tonalidades de la piel, sin excluir los trayectos históricos y culturales mediante los cuales alguien opta libremente por identificarse como persona negra, afrocolombiana, palenquera o raizal.

 

*Programa Unesco ‘La ruta del esclavo: resistencia, libertad y patrimonio’. /

  • Jaime Arocha | Elespectador.com

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