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Eduardo Barajas Sandoval 19 Ago 2013 - 11:12 pm

Hacia la cúspide de la pirámide

Eduardo Barajas Sandoval

Si una revolución no concluye con la propuesta y la capacidad de establecer un orden nuevo, todo lo que termina por hacer es propiciar el caos.

Por: Eduardo Barajas Sandoval
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Los hechos han venido a confirmar las dudas que se tenían cuando la gesta del destronamiento de Hosni Mubarak parecía culminar con la elección de Mohamed Morsi a la Presidencia de Egipto. ¿Cómo pudo el proceso iniciado apenas hace dos años, que aceleró el ritmo de la “Primavera”, terminar en el baño de sangre que ahora presenciamos con horror? La respuesta parecía evidente desde un principio, porque las revueltas de entonces se desataron más por el hastío y la asfixia de la población, luego de treinta años de la misma dosis diaria de un régimen que había llegado al límite de sus posibilidades, que por la presencia de una alternativa de relevo.

Los hermanos musulmanes, relegados y combatidos a lo largo de esas mismas tres décadas, habían hecho el curso completo de una oposición casi clandestina, trabajando en el ánimo de amplios sectores populares, pero no habían tenido la oportunidad de prepararse para asumir las funciones del gobierno, con todo lo que ello requiere en materia de conocimientos y experiencia. Como en todos los países donde la precariedad del sistema político no permite el ejercicio de una oposición edificante, a la hora de tomar el poder los recién llegados se vinieron a estrenar en el oficio a costa del país entero. Y una vez más se demostró que el desconocimiento de las claves de la gestión económica, mas el revanchismo en el orden político, se pueden convertir en los peores enemigos del éxito de los experimentos de gobierno de quienes han pasado su vida dedicados a criticar desde fuera.

Solamente la lectura occidental de los procesos políticos puedo llevar a pensar que el común denominador de las revueltas en el mundo árabe era que tenían por objeto la nueva configuración del poder político, en torno a los principios de la democracia liberal.  Se olvidaba, lamentablemente, que en los países en los que floreció la revuelta no existían tradiciones de esa índole. De manera que, en realidad, no era sencillo identificar el rumbo que podría tomar cada uno, según el desarrollo de los acontecimientos.

En el caso de Egipto, y en medio de la euforia de la caída y juicio de Mubarak, mas el triunfo de Morsi, parece haberse olvidado el papel definitivo que juegan los militares detrás del escenario. De manera que, mientras fuera del país se atendía lo que fuese haciendo o diciendo el nuevo presidente, en los hogares egipcios de prestaba todavía más atención a lo que, en definitiva, dijeran los comandantes de las fuerzas armadas. Y esto último es lo que viene a demostrar, a juzgar por los sucesos recientes, que en realidad con la Primavera no se produjeron cambios sustanciales.

El hecho es que Morsi estuvo en el poder, o al menos en la Presidencia, hasta que los militares decidieron que era tiempo de sacarlo. De manera que ahora se ha retornado al problema de siempre, que es la controversia insoluta entre la racionalidad de los militares y la racionalidad de los religiosos, los unos con las armas en la mano y los otros con el corazón de millones de seres sencillos dispuestos al sacrificio bajo la convicción de que la salvación de su alma puede pasar fácilmente por el martirio.

De manera típica, el juego democrático que las fuerzas militares egipcias permitieron por un rato encontró su límite cuando se acentuaron los problemas derivados de la falta de experiencia del nuevo gobierno, y sobre todo su incapacidad para el manejo de la economía. Los hermanos musulmanes no tuvieron la flexibilidad para establecer un balance entre sus postulados y las necesidades propias del manejo de un entorno económico que requiere de habilidades que provienen de consideraciones pragmáticas y de reglas difíciles de transgredir so pena de pagarlo muy caro. Como el país no funcionaba conforme a un nuevo esquema, y como no se demostraba capacidad para que siguiera funcionando al menos como antes, los altos mandos consideraron que había llegado la hora de dar por terminado el experimento.  

La ausencia de un liderazgo civil alternativo, consecuencia una vez más de la rigidez del período de Mubarak, se convierte otra vez en el problema que deben resolver los militares. Las generaciones de relevo están integradas esencialmente por los que habrían tomado el turno dentro del proceso mismo de Sadat y Mubarak. Muchos de los que salieron a protestar hace dos años no han encontrado camino. Otros han optado por el confort del menor esfuerzo, y muchos esperan solamente que las cosas vuelvan al cauce de siempre, con unos militares fuertes a cargo de la disciplina y unos tecnócratas al mando de la economía. Por eso tal vez el discurso y las imágenes en el marco de los televisores egipcios van mostrando la bandera y la figura de Abdul Fattah al-Sisi, el Jefe de las Fuerzas Armadas, como si estuvieran preparando su ascenso a la cúspide de la pirámide. 

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AQUILEO PARRA

Mar, 08/20/2013 - 21:20
No se olvide que Mursi asumió, con la complacencia de la mayoría parlamentaria, poderes dictatoriales. Grave error de los hermanos musulmanes.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 16:36
No deja de ser aleccionador la lectura entre líneas que hace el columnista. Pero no es menos interesante aún la lectura entrelíneas de su politología diletante. De entrada queda la amarga sensación de la crasa inexperiencia de quienes se rebelan sin haber hecho sus "pinitos" en la larga y ancha estructura del Establecimiento. Es decir, como una carga de fatalidad ineludible: quien se meta a coger en sus propias manos las riendas de la res publica no puede prescindir del know how de los rémoras politicos (mejor malo conocido que...) Y aquí es donde la puerca tuerce el rabo: no sirven las hegemonias decadentes, socias del Genderme de Occidente y Medio Oriente, pero ni se les ocurra -¡qué horror!- abrir la puerta a la chusma. La primera lección, pues, estriba en esos desapacibles portazos que
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 18:15
la historia nos revienta en las ñatas: coger a Occidente con los calzones abajo. Manejados a control remoto desde Washignton -los tiranuzuelos, los al-Qaddafi, Mubarak, Hussein- terminan barridos por el caudaloso río de sus propias arbitrariedades éticas y políticas. Es decir, sin otro proyecto político que servir al capitalismo mundial y enriquecer vitaliciamente a su saga (ejemplo actual: el régimen de delfines de los al-Assad, educados en Londres), termina siendo como los Herodes modernos: no van ni llevan a sus pueblos a puerto seguro.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 18:12
Sin embargo, a pesar de los pesares, a pesar de las evidencias, a pesar de la caprichosa diosa Clío, "la chusma no puede gobernar": éste es el segundo axioma de la ideología capitalista: TODO REFORMA SOCIAL O POLÍTICA (RELEVO) SÓLO TRAE CONSECUENCIAS NEFASTAS PARA LOS (VALIOSOS) LOGROS PRECEDENTES. Sin duda, lo de Egitpo ratifica este arcano geopolítico del fin de la historia.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 18:08
“Deje así”, derrotadas todas las demás ideologías, hay que dejar que el ‘opus captalistum’ redondee su faena. Sin embargo, la pregunta es impajaritable por nacer (es parida) de realidades de hecho: ¿Por qué la gente del común, la zarrapostrasa masa sigue llevando del bulto cada vez más? Y no esta semana. Ni durante el último año. Esto ya viene y va para largo. Es célebre –lugar común pero harto diciente- la expresión de la bobaliconcita de MªAntonieta en Versalles cuando le dijeron que el pueblo francés se sublevaba porque no tenía pan qué comer,: “¡Entonces que coman tortas!”.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 18:05
Lo diletante, pues, de estos análisis geopolíticos es su sesgo ideológico –asaz objetable- que sibilinamnte pretenden señalar la matriz del pandemonuim generado por estos monumentales rifirrafes en las groseras pretensiones de un pueblo inculto e inexperto políticamente, que no conoce la historia ni tiene proyectos políticos definidos. Pues claro, maestro...¡Qué diablos los van a tener unas masas afrentadas, hambrientas e ingnorantes! Los que si saben como es la cosa son nuestros amigazos de Washignton que un día son socios comerciales de petroleros -no importa si son o no ricas familias musulmanas- y cuando la torta se voltea, se voltean asimismo fidelidades ideológicas y lealtades económicas.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 17:58
Porque como lo diría Fukuyama, el fin de la historia no es sólo el fin de las ideologías sino el triunfo rampante del más crudo de los pragmatismos: las relaciones diplomáticas se rigen por los geoestratégicos intereses comerciales… any more! …“¡Es la economía, stupid!”. Por eso, cuando aparecen estos infaltables entreveros en rincones geopoliticamene cruciales para los intereses del orden definido por el primer mundo, primero, que entre el Diablo y escoja… y después vemos qué hacemos. Lo que pasa es que el diablo a veces es indeciso y sádico: le encanta ver chorriar sangre!
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 17:54
Monumentales ejemplos de precaución de politología fujimayesca fueron las últimas vistas del vicario de Roma a América Latina (4 ó 5 desde Ratzinger): poner sobre los ánimos caldeados de las últimas generaciones de sudacas, pulverizados por el evangelio neoliberal de sus propios gobiernos, los cataplasmas de la evangelio según el Vaticano. Porque “capacitar poíticamente” y de correcta manera a las masas es una empresa pedagógica que se lleva no sólo en las exclusivas Universidades privadas de las capas altas de los sociedades latinas, no vaya a ser que nos reviente otro desalineado tiranosauro, como el de cierto país al este del Orinoco.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 17:53
Una de las preguntas maliciosamente abortadas en estos análisis de politología 'made-in-occident- es “¿POR QUÉ ESTÁN TAN EMBALADOS LOS PUEBLOS DEL MEDIO ORIENTE? ¿CUÁLES SON LAS CAUSAS ÚLTIMAS DE ESTOS DESPIPORRES?” Pero no, nada. Apenas si se subraya –y de qué manera- que la indiamenta inculta y resentida, por ponerse dizque a arreglar un Estado de cosas que hasta ahora a funcionado más bien que mal, lo que hace es tirarse una infalible democracia , que es la que nos conducirá –some day- al mejor de los mundos posibles.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 17:51
No en vano las últimas generaciones –o al menos una porción pequeña pero significativa de estudiantes colombianos matriculados en las universidades públicas- han comprendido claramente que la educación de los pueblos latinomaricanos no puede seguir perpetuando los mismos principios pedagógicos del capitalismo salvaje –“Producir con eficacia y Distribuir inequitativamente”.
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Alberto V. Velasquez

Mar, 08/20/2013 - 17:49
Después dicen que el mamertísimo mayor, Karl Marx, era un casposo cuando señalaba las contradicciones internas del capitalismo. Como vamos, ¡Vamos bien! –decía el borrachito- y ya llevamos decenas de víctimas de los ebrios conductores del sacrosanto sistema que nos rigen -¡qué alivio! …al final de los tiempos. Amén
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arocam

Mar, 08/20/2013 - 16:25
Cuando leí el subtítulo pensé que se iba referir a Venezuela.
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pebeco

Mar, 08/20/2013 - 07:44
Tiene toda la razón y como ejemplo importante ........la revolución francesa ......que horror
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morenoelesceptico

Mar, 08/20/2013 - 04:33
Exactamente igual a como nos muestran aquí la figura de Timochenko para prepararnos para el "Postconflicto".
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