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Oscar Guardiola-Rivera 9 Abr 2013 - 9:16 pm

La Dama

Oscar Guardiola-Rivera

Para sus fieles seguidores, ella caminaba sobre las aguas. Para sus contradictores, fue una anomalía intolerable: una traidora de la clase trabajadora a la que pertenecía o una advenediza. Harold Wilson la llamó “el mejor hombre del gabinete”.

Por: Oscar Guardiola-Rivera
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Pero todos concuerdan en que Margaret Thatcher, primera ministra británica durante once años, tras obtener tres victorias electorales consecutivas, redefinió la política contemporánea.

Ello es cierto, pero no en el sentido propuesto por quienes hoy glorifican su memoria. Los hagiógrafos afirman que, tras su paso por la política, el debate acerca de si el capitalismo es el modo más eficiente de crear y adquirir riqueza ha quedado cerrado. Otro tanto dicen acerca de las discusiones sobre el uso disuasivo de las armas nucleares. Y también en lo relativo a la bondad económica y social de la iniciativa privada sin límites.

En todos los casos se equivocan. El punto no es si el capitalismo es eficiente para crear y acumular riqueza. Que ha sido el punto de partida de Adam Smith, su santo patrono intelectual (el otro, paradójicamente, era san Francisco de Asís). Pero también de los pocos lectores atentos de Smith, entre ellos Hegel y Marx.

Todos aceptaron el carácter revolucionario y nivelador del capitalismo, pues apela a nuestra tendencia a imitarnos y aspirar a tener lo que otros tienen. Pero todos advirtieron, comenzando por Smith, que esa simpatía equivale también a envidia, egoísmo y codicia. Y si se la deja operar sin límites, destruye la sociedad por mucha riqueza que produzca. Es lo que confirmamos tras la crisis de 2008.

Sabemos también que el uso disuasivo de armas nucleares es una locura. Apela, como en el caso anterior, a un principio de imitación. Todos quieren tenerlas pues ello los hace respetables, pero una vez dos las poseen el efecto no es disuasión sino destrucción. En octubre de 1962 el mundo estuvo cerca del holocausto final. Kruschev y Kennedy perdieron el control de sus fuerzas nucleares en las costas de Cuba. Un oscuro capitán ruso de nombre Arkhipov salvó a la humanidad. La historia amenaza repetirse hoy en Corea.

¿Y la bondad de la iniciativa privada sin límites? Otros tres banqueros fueron señalados por su codicia destructiva en Londres esta semana.

La Dama de Hierro cambió, sí, el conservatismo. Si antes defendía el paternalismo comunitario de la aristocracia rural, luego protegió la movilidad niveladora del emprendedor urbano. Eso no es conservatismo a la Burke sino liberalismo manchesteriano. De allí la división de su partido, que terminó exigiendo su renuncia, y su legado: el neolaborismo de Blair, el liberalismo de Santos. Su inspiración fue el Chile de Pinochet.

 

* Óscar Guardiola-Rivera

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