Por: Ramiro Bejarano Guzmán

De alto vuelo

Qué pena ocuparme otra vez de la desastrosa gestión de la contralora Sandra Morelli, pero cada vez más estoy convencido de que esta funcionaria tiene que explicarle muchas cosas al país, en vez de gritar, insultar y amenazar.

Ahora la nueva historia tiene que ver con el convenio que la Contraloría suscribió con la Policía Nacional, por cuenta del cual entre abril y diciembre del año pasado, Sandra Morelli y algunos de sus subalternos han viajado en aviones de la Policía a distintas ciudades, en fechas no precisamente de trabajo.

Sea lo primero comentar que cuando le solicité a la contralora me informara cuántos viajes había realizado y quiénes habían sido sus acompañantes, respondió que por razones de seguridad no podía suministrarme esa información. ¡Pobrecita ella! Por fortuna la Policía Nacional, esa sí experta en seguridad, no tuvo reparos en responderme la petición y me entregó los detalles que la contralora quería que permanecieran ocultos.

En desarrollo de este malhadado e inusual convenio, la Contraloría hizo un aporte de $200 millones a la Policía para apoyar la Dirección Antinarcóticos y el Área de Aviación, el cual debería ejecutarse hasta el agotamiento de tales recursos y/o hasta el 31 de diciembre de 2012. Pues bien, la contralora, que de pequeños errores ajenos hace escándalos gigantescos, no advirtió que sus desplazamientos en los aviones de la Policía han costado $201’888.180, es decir, un guarismo superior al previsto en el convenio. Ella dirá que el exceso es poco y seguramente ofrecerá pagarlo de su bolsillo, pero a quién le cabe en la cabeza que la rectora del control fiscal incurra en la ligereza de no ajustarse a las cifras pactadas.

Revisados los viajes realizados y la lista de acompañantes de la contralora, hay datos realmente interesantes, porque todo indica que no siempre se desplazó a atender comisiones de trabajo, como lo sostuvo en varios medios de comunicación. En efecto, veamos lo que ocurrió en 2012.

• El viernes 25 de mayo la contralora viajó a Cartagena con un séquito de funcionarios y regresó el domingo siguiente. Feliz fin de semana en el Corralito de Piedra, que costó al erario $19’692.000, por lo menos en desplazamiento.

• El 18 de junio, festivo, viajó a Santa Marta, con un costo de $5’513.760.

• El 2 de julio, y el 20 de agosto, festivos, ida y vuelta Bogotá-Tolemaida-Bogotá, coincidencialmente cerca de los sitios de recreo en Melgar y Girardot, que representaron un costo de $4’996.080.

• El 13 y 15 de octubre, sábado y lunes festivo, dos viajes ida y vuelta Bogotá-Girardot-Bogotá, que costaron $4’403.160.

• Ah pero justo es reconocerlo. La contralora es generosa gastando dineros públicos, porque hay tres viajes a Pereira el 23 y 25 de noviembre y el 7 de diciembre, en los que ella no se desplazó pero sí su vicecontralor, Carlos Felipe Córdoba Larrarte, para más señas oriundo de Pereira, lo cual costó $ 9’020.160.

Como el espacio no alcanza, quien quiera revisar la lista completa de viajes y pasajeros puede hacerlo en http://static.elespectador.com/archivos/2013/02/fcb82e8fb5f62352790b68d5....

Lo que queda en el aire es preguntarse en qué consistirán esas supuestas comisiones de trabajo a ciudades tan atractivas, en las que además hay sedes regionales de la Contraloría. Alguien está sobrando.

Ahora sí se entiende por qué la contralora invocaba razones de seguridad para no suministrar una información que la compromete y le incomoda, pero que el país tiene que conocer. Lo cierto es que quien está en riesgo es el erario que a la doctora Morelli le corresponde vigilar y controlar. Pero a ella no hay quien la juzgue, porque a quien se atreva lo somete al mismo régimen de terror bajo el cual tiene espiados e intimidados a funcionarios y a los investigados que han caído en la desgracia de ser procesados fiscalmente.

Adenda. Antes el uribismo manejó la guerra y no venció, ahora pretende boicotear la paz. Las negociaciones en la Habana merecen ser respaldadas.

 

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