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Paloma Valencia Laserna 2 Nov 2012 - 11:00 pm

De amantes y de amores que se dejan

Paloma Valencia Laserna

La novela de amores entre el Partido Liberal y el presidente Santos no se limita a un amantazgo, como lo sugiere Roy Barreras, en medio de los celos. La historia tiene más vericuetos, más traiciones.

Por: Paloma Valencia Laserna
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El protagonista de esta novela tenía una relación ya larga con el liberalismo. Tal vez sería mucho llamarla matrimonio; era un noviazgo formal, de cogida de mano y visita diaria. Hubo tiempos de amores desatados, como cuando fue ministro de Comercio Exterior de Gaviria. Luego vino la faceta Samper, el debate de la opinión pública, los ojos juzgadores, y supo nuestro galán que esa relación no le convenía, no le sería útil. Sin gallardía con la amada, trató de sabotearla. Inició relaciones paralelas, con los malos, con intenciones dudosas. Es una escena que ya pocos recuerdan.

Liberado de ese amor rojo, el protagonista se unió en una nueva relación, con los azules, como ministro de Hacienda. Ahí nuestro galán brilló; propuso la zona de distensión del Caguán, para darles a los malos de la novela una oportunidad de reivindicación. Aquello no salió bien, y el galán no tuvo reparos en dejar ese gobierno que lo había acogido, que le había dado voz y prestigio. Otra vez mostró que él estaba sólo para lo bueno, el debate sobre las decisiones políticas de fondo no era lo suyo.

Encaminó, entonces, sus seductores encantos hacia Uribe. Este tenía cuanto el galán añoraba: prestigio popular y liderazgo. Su versatilidad volvió a probarse: cambió sus ropajes ideológicos, y empezó su habitual cortejo. Lo hizo como siempre, con nitidez impecable; parecía más uribista que el propio Uribe. Como ministro de Defensa era radical con los malos de la novela, fue furibundo con los amigos de los malos, y con los mandatarios vecinos que se atrevían a apoyarlos. Uribe tenía que contenerlo. La táctica de conquista fue efectiva: le propuso matrimonio al uribismo y se casó. Un matrimonio fastuoso, con más de nueve millones de votos, encuestas en ascenso y euforia.

Y no vivieron felices para siempre. Ya casado, nuestro galán volvió por sus fueros. No tenía convicciones que defender, ni compromisos que respetar. Despreció sin reparos su reciente matrimonio, y se quedó con los bienes de la familia uribista, y desalojó a los huevitos. Recobró del ostracismo a la novia roja y se abrazó con ambos brazos: Gaviria y Samper. Le dio el apellido a los hijos liberales; uno de su antiguo jefe y otro del viejo elefante. Los hijos naturales, los de la U, parecen desconcertados; algunos pocos quisieran huir, pero el galán los tiene atrapados —sin ley de transfuguismo— para que no lo dejen. Finalmente, invitó a los malos a su gobierno, les prometió miles de delicias en su mandato a cambio de una firma.

Se preguntará algún lector desprevenido por qué nuestro galán logra cada vez nuevas conquistas, y por qué nadie recuerda esa historia de corazones rotos. Tendrá que ver con la habilidad de nuestro protagonista de ser un modelo: se pone la ideología de moda, y la desfila con elegancia.

¿Cuál será el desenlace de estos nuevos noviazgos? ¿Volverá a triunfar nuestro galán? ¿Habrá alguien capaz de desenmascararlo? Y lo que es más interesante, ahora con los malos en casa, ¿quién saldrá traicionado?

  • Paloma Valencia Laserna | Elespectador.com

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