Por: Mario Morales

De cábalas y malos presagios

Como todo apunta a la relección de Santos, sabido que las negociaciones de paz durarán lo que sea “necesario” para mantener su favorabilidad a fuego lento, la pasión política y politiquera se trasladó a las cábalas y clarividencias electoreras en las regiones y especialmente en Bogotá.

No se trata de “debates públicos” sobre gestión de alcaldes, gobernadores o congresistas, que tanta falta hacen, sino de oleadas de predicciones, presagios y premoniciones, que auguran el fracaso de uno como oportunidad electoral para los demás.

Los trinos apocalípticos uribistas contra todo lo que se mueva, llámese Silva, Fajardo o Gaviria, y los análisis “proféticos” de las políticas de Petro así lo dejan ver. Hemos dicho que al alcalde le faltan decisión, agilidad y gerencia, pero de ahí a vaticinar su derrota en una “batalla” interesante como la recolección de basuras a partir de diciembre, es cuando menos irracional. Sus pretensiones de inclusión, empleo y sostenibilidad ambiental son suficientes para darle espera.

Pero no es sólo esa decisión la que está en juego, con los intereses que prohija. También está la de un modelo de gobierno que tiene más control estatal. Aducir por todo argumento que el pasado fue caótico en manos oficiales, da lugar a la sencilla réplica de lo que ha pasado con el manejo de asuntos de salud, educación y vías en manos privadas.

Esos presagios quieren embolatar cualquier pretensión presidencial del alcalde y al mismo tiempo prever y posicionar a los y especialmente a “las” que vienen pujando detrás.

Reducido el espectro presidencial (sólo un fracaso en los diálogos daría chance a los políticos de la guerra), para Petro es impensable renunciar a medio camino para mirar otras aspiraciones. Lo mismo pasa en Cali, Medellín y Antioquia.

Llega diciembre. A dar resultados. Y a sortear el chaparrón de premoniciones y profecías; a eso quedó reducida la política con Twitter. Y lo que falta...

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