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Arlene B. Tickner 19 Feb 2013 - 9:42 pm

Visión Global

De Chávez a Correa

Arlene B. Tickner

Las comparaciones entre Hugo Chávez, cuyo sorpresivo regreso a Venezuela ha sido interpretado a la vez como triunfante y terminal, y Rafael Correa, cuyo éxito en las pasadas elecciones en el Ecuador supera incluso el del chavismo, son inevitables.

Por: Arlene B. Tickner
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 Ambos han sido opositores vehementes del neoliberalismo, los TLC y el sector privado, han manejado un discurso nacionalista y antiyanqui que se ha traducido en tensiones políticas con Estados Unidos y han respaldado una integración regional sin interferencias “imperialistas”. Han utilizado la bonanza petrolera, recurso del que los dos países son dependientes, para aumentar la inversión social y el tamaño del sector público, y para combatir la pobreza y la desigualdad. Han hipotecado su petróleo a China a cambio de préstamos que los mercados internacionales les han negado. Han efectuado reformas constitucionales que han agrandado la influencia de la Rama Ejecutiva y han aprovechado las divisiones al interior de la oposición para mantenerse en el poder. Y han sido señalados como intolerantes ante la crítica, lo que se ha traducido en restricciones a la libertad de expresión y prensa por parte de ambos.

No obstante, tanto a nivel nacional como en términos de sus políticas exteriores, entre los dos voceros del “populismo de izquierda” en América Latina hay diferencias significativas. La crisis económica venezolana se manifiesta en un déficit fiscal de proporciones mayúsculas, tasas de inflación de las más altas del mundo, un mercado perverso de divisas, una capacidad productiva limitada, una deuda externa diez veces mayor que la de 2003 y decrecientes ingresos por concepto del petróleo. Un alto ritmo de gasto sin inversión en infraestructura ni en industria ha sido acompañado por la aparición de una élite boliburguesa y con ella una corrupción rampante.

En contraste con esto, la economía ecuatoriana parece boyante. Además de subsidiar a los más desfavorecidos, Correa ha invertido los recursos petroleros en escuelas, clínicas, vivienda e infraestructura y ha bajado las tasas de desempleo. Pese a la negativa a pagar la deuda externa y la renegociación de los contratos petroleros a favor del país, no ha expropiado empresas privadas ni ha implementado controles económicos tan intensos como en Venezuela, lo cual explica el interés ligeramente mayor de los inversionistas extranjeros en ese país.

Al contrario de Chávez, Correa no tiene capacidad de liderazgo ni un proyecto internacional claro, ni Ecuador los recursos para costear un mayor protagonismo en América Latina y el mundo. Sus esfuerzos por lograr un boicoteo de la Cumbre de Cartagena no surtieron efecto entre los países de Alba. Tampoco ha sido del todo exitosa su Iniciativa Yasuní de protección ambiental, en parte porque su estilo “populista” espanta a algunos donantes. Aun así, la astucia detrás de su otorgamiento de asilo político a Julian Assange de Wikileaks y la efectividad con la que logró limitar las funciones del relator de la Libertad de Expresión de la OEA es innegable.

No cabe duda de que la estabilidad brindada por Correa establece un contraste positivo con la interinidad gubernamental del pasado. Queda por verse si la extrema personalización de la política ecuatoriana y la imposibilidad de encontrar sucesores capaces de institucionalizar la revolución ciudadana terminen haciendo que entre Chávez y Correa haya más similitudes que distinciones.

  • Arlene B. Tickner | Elespectador.com

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