Por: Reinaldo Spitaletta

De comisionado a prófugo

Si la guerra en Colombia (bueno, y en todas partes) ha sido un negocio, ni hablar de la paz, que también lo es.

Un negocio muchas veces turbio, en el que se conjugan intereses públicos y privados y en el cual se cometen actos ilícitos, como parece ser lo sucedido en los tiempos de la seguridad democrática, cuando era comisionado de paz Luis Carlos Restrepo, alias doctor Ternura.

Pese a que la prensa poco ha revelado, sabemos casi todo lo que se ha escondido detrás del Plan Colombia, un lucrativo negocio montado por los Estados Unidos con su neocolonia colombiana. Y en cuanto a los asuntos relacionados con la paz, las desmovilizaciones, las falsas desmovilizaciones y otras materias conexas, el escándalo surgido por el caso Restrepo, su ausencia del país, que ya lo ha hecho calificar como reo ausente de la fiscalía, amplía la llaga de lo que han sido las “negociaciones” de paz.

En los días de la seguridad democrática se montaron carpas y espectáculos de circo para decir que, en efecto, los paramilitares se habían desmovilizado y que solamente quedaba la guerrilla para que imitara ese camino o fuera aniquilada.  Cuando se presentaban las audiencias a los paramilitares, para el rubro de justicia y paz, ni siquiera ellos creían en el proceso. No es si no recordar los asesinatos de la líder popular Yolanda Izquierdo; de un representante de los desplazados de Córdoba, Freddy Abel Espitia, y de los atentados contra la Liga de Mujeres Desplazadas de Turbaco, Bolívar.

Aquellos crímenes ponían entonces en duda la credibilidad de las tales desmovilizaciones paramilitares. Tanto que hasta el mismo Mancuso advertía que muchos “paracos” (más de cinco mil) se estaban reorganizando y habían asumido otras “razones sociales”, como los Rastrojos, los Macheteros, los Machos, las Águilas Negras… De otro lado, la seguridad democrática “mojaba” prensa con la presunta desmovilización de la columna guerrillera La Gaitana, aunque, desde entonces, se expresaban dudas sobre la veracidad del asunto. Los que se “entregaron” parecían más cantantes de rock o señoritos de clase media, unos, o de ñeros e indigentes, otros.

Hoy, cuando la aparente farsa de la Gaitana y el ex guerrillero Saldaña, parece otra vez quedar en evidencia, vuelve al ruedo mediático el uribismo, que ya ha venido sufriendo carcelazos, como han sido los del exministro de Agricultura Andrés Felipe Arias (un preso político, según Uribe) y el exsecretario general Bernardo Moreno. La exdirectora del DAS, María del Pilar Hurtado, se voló para Panamá, aconsejada por su expatrón. Ante el caso de Restrepo, Uribe dice que se trata de una “venganza criminal después que fracasaron en el ataque a nuestras políticas”.
 
Para la Fiscalía, en cambio, Luis Carlos Restrepo se “confabuló en una empresa criminal” con dos oficiales del Ejército (Hugo Castellanos y Jaime Ariza) y con algunos de los supuestos desmovilizados, como Olivo Saldaña. La pregunta aquí es ¿cuál fue el papel de esta puesta en escena del entonces comandante del ejército, general Mario Montoya? Restrepo está acusado de graves delitos, entre ellos el de tráfico de armas, fraude procesal, prevaricato por acción y peculado a favor de terceros.

Entre tanto, muchos se preguntan si el psiquiatra Restrepo no es, más bien, una nueva víctima de aquella obsesión de la seguridad democrática de hacer aparecer como fuera el triunfo sobre una guerrilla, que después de todo aún continúa perturbando al país, o una marioneta de los intereses creados que se manifiestan tanto en la paz como en la guerra. Se espera, eso sí, que tanto en el caso de Restrepo, como en los de algunos paramilitares extraditados, surja nueva información para saber que más había detrás de aquella obsesión.

En una declaración que más parecía una humorada, Uribe declaró que Arias (alias Uribito) era un preso político. Ahora, dice que Restrepo se fue por falta de garantías procesales. Por su parte, el exguerrillero Saldaña dice que contra Restrepo lo que avanza es una venganza de los paramilitares extraditados. En algunos corrillos, se pregunta con guasa que ¿cuándo será entonces que el expresidente Uribe se convertirá en preso político?

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