Por: Catalina Ruiz-Navarro

De corruptos y ladrones

De oídas nos ha llegado a Colombia que en Guatemala hay una crisis la berraca, pero quizás entre la venida del papa y los usuales miles de incendios que toca apagar semanalmente en el país, es bastante probable que no nos haya quedado tiempo para poner atención. Sin embargo, lo que está pasando en Guatemala nos atañe directamente, no sólo porque están tratando de expulsar, injustamente, al brillante fiscal colombiano Iván Velásquez, que en los últimos años ha repartido parejo y puesto en cintura a todo el mundo (hasta al presidente, y por eso es que lo quieren echar). También nos debe importar, porque el caso de corrupción guatemalteco es tremendamente familiar: platas que entran a las campañas de Presidencia, pero nadie sabe de dónde ni por qué, y cuando alguien le rasca se le van encima. La historia aplica a una buena parte de nuestros presidentes.

En palabras de Nómada, un medio independiente que ha hecho importantes denuncias sobre el caso, “El MP y la CICIG” (que es la comisión de la ONU que lidera Velásquez) “señalan a Jimmy Morales (el expayaso y actual presidente de Guatemala que llegó al cargo con el irónico lema “Ni corrupto ni ladrón”) de cometer el delito de financiamiento electoral ilícito en la campaña presidencial de 2015. [...] El partido oficial ocultó información de aportes que suman 6,6 millones de quetzales (poco menos de US$1millón)”. Por este motivo Iván Velásquez y Thelma Aldana anunciaron en una conferencia de prensa la solicitud de retiro de la inmunidad del presidente, el 24 de agosto de 2017.

Entonces se hizo pública la intención del presidente Morales de expulsar a Iván Velásquez como persona non grata, con el cuento de que nada tiene que hacer un extranjero juzgando en otro país; cuentico que acá también nos sabemos de memoria. Sin embargo, podemos henchir orgullo patrio por fiscales como Velásquez o Ángela Buitrago, la llamada “fiscal de hierro”, por el trabajo impecable que han hecho en nombre de la justicia y en contra de la corrupción. Lo que muestran los hechos es que un fiscal externo puede ser una excelente idea para ellos, para nosotros, para todos, porque todos (¿casi?) los gobiernos de Latinoamerica suelen ser un nido de corrupción.

La otra razón por la que esto nos importa es que en Guatemala se está discutiendo si se le puede quitar el fuero a un presidente para que sea investigado. Hasta ahora se estila que el presidente venga recubierto de teflón y, sin embargo, escándalos como el Proceso 8.000 en Colombia o la Casa Blanca en México, nos aseguran que la corrupción descarada es una de las costumbres de nuestros gobernantes. ¿Por qué seguimos manteniéndoles el fuero a funcionarios que igual nos huele que son corruptos? Parece una sinrazón de las democracias.

Iván Velásquez sigue en Guatemala porque literalmente la gente se paró a bloquear la puerta de la CICIG para que no lo pudieran notificar. La situación de Guatemala es incierta, porque en la intrincada trama de magistrados que deben decidir el asunto hay, ¡oh sorpresa!, un montón de corruptos.

Pero el apoyo internacional es clave, y Guatemala podría sentar un precedente de justicia: en 2015 logró que un presidente y su equipo renunciaran por corruptos y ahora pueden hacer lo mismo si se logra que se levante el fuero presidencial y se investigue al actual presidente. ¿Saben quién fue el único embajador que apoyó al presidente de Guatemala entre toda la comunidad internacional? El colombiano Carlos Manuel Pulido Collazos.

El que debería haber defendido a Iván Velásquez, pero es un uribista. Una vergüenza. ¿Se imaginan si eso pasa? ¿Se imaginan que algo así pudiera pasar aquí y en toda Latinoamérica? Por eso nuestros ojos deben estar en Guatemala.

@Catalinapordios

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