Por: Juan Pablo Ruiz Soto

De kikuyo y vacas a bosque

En áreas urbanas y sus zonas periemtrales, la conservación y recuperación de los espacios verdes influye de manera determinante en la calidad de vida.

En la reserva Thomas van der Hammen, ubicada en la zona perimetral de Bogotá, la recuperación del bosque en áreas que hoy están ocupadas por kikuyo, vacas, algunas viviendas y otras construcciones, es posible.

Con diversos argumentos se pretende reducir el área de dicha reserva. La discusión está planteada y a todos nos afecta de una u otra forma lo que allí se haga. Por ello debemos participar. Las opciones de uso de la zona enfrentan intereses diversos, en algunos casos contrarios y excluyentes.

El crecimiento poblacional de Bogotá y su área metropolitana ha sido vertiginoso. En los últimos 50 años ha incrementado su población en un 530 %, pasando de 1’700.000 en 1964 a más de 9’000.000 en nuestros días. Su expansión impacta la Sabana de Bogotá cubriendo con pavimento y construcciones una de las mejores tierras del país. Hoy, difícilmente identificamos el límite de Bogotá con Soacha, Facatativa, Fontibón, Cota, Chía o La Calera.

El crecimiento y la expansión de Bogotá continúan. Que sea más o menos acelerado, así como cuál será su límite superior, depende de políticas distritales y nacionales, y de la disponibilidad de agua. ¿Se imaginan a Bogotá una semana sin agua?

La pregunta básica es: Bogotá, ¿para qué más grande? En mi columna (octubre 27/2015) publiqué mi punto de vista al respecto. Pensando en la calidad de vida de los bogotanos, lo mejor es que Bogotá no siga creciendo. Sin embargo, algún nivel de crecimiento es inevitable. El punto es cómo, cuánto y dónde.

La administración anterior propuso que se fuese incrementando la densidad en algunos puntos de la ciudad. Les faltó acompañar su propuesta de expansión de la verificación de la capacidad de acueducto, alcantarillado, vías y disponibilidad de medios de transporte. Ahora se propone la expansión urbana reduciendo el área de la Reserva van der Hammen y otras zonas verdes de la Sabana.

La Alcaldía dice que la conectividad biológica entre los cerros orientales y el río Bogotá, propósito principal de la Reserva, no se garantiza con la existencia formal de la Reserva, pues en la mayor parte de ella no hay árboles. Cierto, pero la recuperación del bosque y, con él, de la biodiversidad, es posible. Un proyecto del Banco Mundial adelantado en Colombia, Costa Rica y Nicaragua (2002-2008) demostró que la introducción de árboles en praderas ganaderas degradadas recupera la biodiversidad. El monitoreo demostró que la presencia de aves pasó de 140 especies registradas al inicio del proyecto, a 197 a finales del 2008. En mariposas pasó de 30 especies a 67 y en moluscos de 35 a 81, incluyendo especies de interés global que se encuentran en peligro de extinción. El área mínima del corredor biológico de la Reserva Van Der Hammen es algo que hay que precisar con el Instituto Humboldt, pues la intención al crear la reserva fue clara y es importante para la ciudad y sus habitantes.

Evaluemos argumentos y contraargumentos y realicemos un análisis costo-beneficio antes de aventurarnos a sacrificar un capital natural tan importante.

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