Por: Mario Fernando Prado

De las platicas a los billones

Ni se sabe en qué vaya a parar el paro que está afectando a todo el territorio nacional.

 Aunque el Gobierno en un principio desestimó su importancia, en estos pocos días que lleva la protesta se ha ido dando cuenta de que el asunto va en serio.

Si bien estas manifestaciones pudieron tener una génesis hasta cierto punto sana y comprensible, es indudable la infiltración guerrillera que, o por las buenas o por las malas, están padeciendo los colombianos de a pie: la estrategia de los bloqueos habla por sí sola y se percibe que estos golpes puntuales de obstaculizar las vías es táctica heredada de la guerra de guerrillas en la que las Farc y el Eln son verdaderos expertos.

Lo curioso es que mientras dialogamos en La Habana, hay un nuevo ingrediente de la narcoguerrilla, distinto a los secuestros que continúa perpetrando y las acciones criminales y terroristas que no han cesado, y es el hecho de inmiscuirse en estas protestas y paros para llevarlos a mayores.

El presidente Santos ha decidido que se dialogue por sectores geográficos y que cada región trate de conjurar la protesta para así evitar lo que podría convertirse en una hecatombe de insospechadas proporciones.

Es allí entonces en donde recordamos la teoría de la platica que practicó su antecesor, quien iba donde fuera y mucho antes de los bloqueos y, megáfono en mano, ofrecía solucionar los descontentos con su célebre término de —repito— la platica.

Pero como estamos en la época de los billones y las macrosoluciones, los desembolsos son complicadísimos y pueden quedarse en buenas intenciones.

Si antes la seguridad parecía salirse de las manos del Estado, ojalá no haya que sumarle un karma más con un paro, que como el que estamos viviendo borra las buenas intenciones de quienes deberían estar en mayor sintonía con sus gobernados y untándose de pueblo para tomarle mejor el pulso a la cruda realidad nacional que, en su desespero, se puede prender de una primaria...

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