Por: Felipe Jánica

La decisión del Banco de la República: un freno de emergencia para la inflación

El pasado viernes sucedió lo que a juicio de muchos era inevitable. Luego de haber pospuesto, reiterativamente, el aumento de la tasa de interés de intervención, finalmente el Banco decidió incrementar en 50 puntos básicos la mencionada tasa.

Los argumentos del Banco, pueden calificarse como un freno de emergencia ante una inflación creciente, siendo esta última uno de los pilares de la política monetaria. Resultaba lógico que la inflación se trepase, pues la devaluación ha jugado en contra de la producción nacional ya que se ha trepado producto de los incrementos de los costos de materias primas importadas que a pesar de tener precios internacionales bajos, la devaluación le está pasado la factura. Esto ha llevado al Banco a subir sus expectativas de inflación a 4.1% para 2015 y 3,5% para 2016. Explicaciones al respecto tienen sentido por la fuerte dependencia de la economía colombiana de los bienes primarios. Es que cuanto más dependamos de los precios internacionales de las materias primas que exporta Colombia, más incertidumbre se le imprime a la economía, pues las variables exógenas que rodean a los precios internacionales, poco o nada son controlables.

Estamos al frente entonces de uno de los principales desafíos que tiene y que ha tenido el Estado colombiano en materia económica. Ha llegado el momento entonces de hacer una planeación estratégica en materia económica. Dicha planeación debe ser una iniciativa de Estado y no de Gobierno pues no se trata de planes de cuatrienios sino más allá de ello, es decir de planes de mediano y largo plazo, siendo el Cuatrienio el de corto. Esta planeación debe conducir a una reforma estructural en donde se incluyan, como mínimo, los siguientes hitos: 1. Educación. 2. Tributación. 3. Productividad.

La educación básica primaria, secundaria, técnica y profesional reclama un cambio estructural. Esta reforma debe tener como pilar la formación con cátedras de investigación y desarrollo, innovación y emprendimiento y la combinación de la academia y la práctica. Con un cambio estructural en este hito se podrá persuadir a las nuevas generaciones a buscar alternativas diferentes a las que depende de las materias primas o al menos en innovar para que éstas sean más competitivas en la arena internacional. Por otro lado, una educación que promueva la especialización y el desarrollo de aptitudes, podrá contribuir a la inclusión económica de emprendedores no formalizados.

En materia tributaria, no es nada halagüeño que el Estado se acostumbre a financiar su déficit fiscal con incrementos de tarifas o implementación de nuevos impuestos. Una tributación tan cambiante como la colombiana más que atraer a los inversionistas lo que contribuye es a que migren a otros territorios. Esto no sólo pasa con los inversionistas extranjeros sino también con los locales. Una tributación atractiva y menos agresiva con el aparato productivo colombiano, convertirá a nuestro territorio en terreno fértil para los inversionistas.

En materia de productividad, se deben promover alternativas para incrementarla. Para ello es necesario que se implementen y se financien laboratorios de innovación, investigación y desarrollo en los que se le suministre apoyo técnico, académico y económico a quienes trabajen en procura de negocios diferentes a los dependientes de las materias primas. Así pues, se podrá mejorar las ventajas comparativas de la producción nacional y por ende facilitará el posicionamiento de productos y servicios en mercados internacionales y de paso se sacaría mejor rédito a los tratados de libre comercio, donde uno de los más significativos es el de la Alianza del Pacífico.

 

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