Por: Carolina Botero Cabrera

Deconstruyendo la manipulación de la ciudadanía en las redes sociales

El proyecto de propaganda computacional de la Universidad de Oxford lanzó esta semana su informe “Troops, trolls and troublemakers: A global inventory of organized social media manipulation”.

Investigaron las “cibertropas” de 28 países (5 latinoamericanos --no incluye Colombia--). Las cibertropas se definen como  tropas del gobierno, de los militares o de partidos políticos que tienen como propósito manipular la opinión pública a través de las redes sociales.

El informe reconoce que las personas usan individualmente las redes sociales para difundir discursos de odio, para atacar a otros y para organizar campañas automatizadas de comunicación con fines políticos. Sin embargo, como muchos nos lo temíamos, no es un tema solo de personas, es también un fenómeno organizado al que gobiernos y partidos políticos dedican importantes recursos con el fin de manipular a las personas.

Dentro de las conclusiones del informe está que este proceso suele hacerse con apoyo de militares y usando dineros públicos (nuestros propios impuestos). Establecieron que los regímenes autoritarios no son los únicos, ni siquiera los mejores, usando este tipo de manipulación, es muy frecuente en sistemas democráticos. Es más, encontraron que la los que más innovan son los partidos políticos durante procesos electorales de alto perfil. Dicen que en los regímenes autoritarios el objetivo es más su propio pueblo, mientras que en las democracias se busca también influir poblaciones de otros países. Haciendo un seguimiento en el tiempo, vieron que este fenómeno se está trasladando de proyectos experimentales militares a firmas privadas de comunicaciones estratégicas que se convierten en contratistas de los gobiernos para hacer campañas en redes sociales.

Los procesos electorales son piezas claves en la democracia como parte del ejercicio de la libertad de expresión y con ese fin hay previsiones y controles garantistas. Una ojeada a lo que está sucediendo y a la lectura de este informe obliga a reflexionar sobre cómo actualizar el sistema democrático para hacer frente a estos retos. Mirar y analizar críticamente las elecciones de 2018 en Colombia podría servir en ese proceso, pues una sociedad en postconflicto no puede permitirse el lujo de no construir y sostener la confianza en su proceso electoral.

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