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César Rodríguez Garavito 26 Nov 2012 - 11:00 pm

En defensa del silencio

César Rodríguez Garavito

Nada más impopular en un país estrepitoso que el silencio. Nada más escaso en el mundo digital que la quietud. Así es imposible concentrarse, pensar. Y así nos va.

Por: César Rodríguez Garavito
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Digo esto, en parte, para defender el artículo del proyecto de Código de Policía que permite imponer una multa de $80.000 a los vecinos ruidosos reincidentes, conmutable por un curso de cultura ciudadana. Quien viva en un edificio sabe a qué me refiero: al insomnio colectivo a causa de los que levantan las paredes con música un martes a medianoche; a las estériles llamadas de los vigilantes a las dos de la mañana; a los policías que (si aparecen milagrosamente a las 4 a.m.) sólo pueden hacer anodinas reconvenciones. Hablo de mis vecinos y tantos otros que traen hasta el umbral de nuestras habitaciones el alboroto incesante de la ciudad, al que procuramos escapar por unas escasas horas de paz.

Pero el ruido no es sólo un asunto doméstico, una combinación de la desconsideración humana y el desventurado invento del drywall. Nuestras vidas todas parecen estar a máximo volumen todo el tiempo. No es apenas el bullicio callejero, el de los pitos, los tubos de escape, los radios a todo pulmón en taxis y buses, o esos portentos de la acústica popular que son los “picós” caribeños.

Pienso, sobre todo, en los espacios cerrados, diseñados cada vez más para producir tantos decibeles como sea posible. En las oficinas, los cubículos hacen rendir el espacio a costa del silencio y la concentración. Restaurantes y bares forran las paredes con televisores que nadie ve, pero que vuelven imposible enfocarse en la conversación con un amigo. Los vendedores de la barahúnda visual y auditiva nos persiguen en el baño, el último bastión de privacidad y silencio. Sabedores de que el último tabú universal que le queda al género masculino es mirar a los lados en un orinal, han instalado pantallitas que destellan propagandas a la altura de nuestros prisioneros ojos.

¿Hasta allí hemos llegado? En realidad, más lejos. Porque al ruido y la distracción presenciales se suman los virtuales: la insuperable tentación de ver el correo electrónico cada cinco minutos, el torrente sin fin de Twitter, el carrusel simultáneo de Facebook, las sonidos que anuncian la llegada de otro mensajes de texto o el inicio del siguiente chat.

Por eso digo que concentrarse se ha vuelto un prodigio. En Estados Unidos, por ejemplo, el trabajador promedio no dura más de tres minutos sin ser interrumpido, según un estudio reciente. En Colombia, apostaría que el promedio sería aun menor.

Somos un país, una especie, de distraídos. “La distracción es el único consuelo para nuestras miserias —escribió el filósofo francés Blaise Pascal—, pero es también la mayor de nuestras miserias”. Porque muchos de los pensamientos y sentimientos esenciales para la existencia personal y social —desde la formulación de conceptos y la solución de problemas hasta la empatía y la compasión— resultan de procesos lentos, que requieren introspección o conversaciones sosegadas.

De ahí que “mientras más formas tenemos de conectarnos, con más desesperación queremos desconectarnos”, como escribió el ensayista inglés Pico Iyer en El goce del silencio. Algunos invierten en audífonos y ventanas que bloquean el ruido. Otros recurrimos a programas como Freedom, que operan el milagro de bloquear internet y nos permiten escribir por unas horas. Muchos intentan recobrar la conciencia del aquí y el ahora haciendo yoga o meditación, o buscan reconectar las dispersas neuronas caminando por el campo. Los más radicales y pudientes se van a vivir a las montañas, donde no entren ni el celular ni la internet.

Hay un gozo inmenso en la bulla del trópico; no cambiaría por nada la conversación alegre que se oye en cada rincón de este país. Pero el ruido ya tiene abogados de sobra. Va siendo hora de defender el silencio.

 

  • César Rodríguez Garavito | Elespectador.com

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Boyancio

Sab, 12/01/2012 - 08:09
Tan iluso, sumercé. Pueden sacar el más pulido de los códigos, pero la policía jamás los hará cumplir. En mi vereda, los fines de semana vienen los ricos y montan sus excentricidades musicales a todo timbal, y la policía no se los hace apagar por miedo a que los hagan trasladar, ¿no ven que son los que tiene la sarten por el mango? Lo que urge es más instrucción a los uniformados, y seguro que este comentario no lo lee ningún afiliado de cachucha y bolillo, sino los desocupados pensionados, serviles, namá.
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Boyancio

Sab, 12/01/2012 - 08:12
..a sabiendas, que es el alto volumen musical el que ha de espantar los problemas, que bastantes los hay, sea miedo también a enfrentrar la realidad a palo seco..Yo por eso ya ni bebo ni na, eso era antes, cuando vivía con la María, que me pegaba mucho cacho,,,no joda. La tristeza caribe, se cura con música y con el meneito, namá.
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aquiyalla

Mar, 11/27/2012 - 18:31
Parece que después del la corrupción, el otro Deporte Nacional de los colombianos fuera Hacer Ruidopor todos lados, y es cierto que esto puede ser una de las causas para el bajo rendimiento en pruebas internacionales pues, como lo dice otro forista, es en el silencio que se pueden generar procesos de introspección y de autocrítica, de poder mirarse desde afuera, de poder concentrarse para ofrecer un mayor rendimiento de nuestras habilidades y potencias espirituales. Y hay quienes dicen que este es un tema menor. ahí estamos pintados también como país(bulloso, esencialmente).
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aquiyalla

Mar, 11/27/2012 - 18:20
Excelente tema y apoyo su manifestación a favor de ese artículo en el nuevo código, aunque creo que ya está contemplada una multa en el actual, para quien viole el tope de 36 decibeles en las zonas residenciales, lo que pasa es que a los tombitos no les interesa acudir a estos llamados. cuando,creo que muchas de las riñas y los enfrentamientos entre vecinos nacen muchas veces de la guerra de ruidos en que se enfrascan los mismos. De los pequeños motivos como este pueden haber nacido muchas violencias y manifestaciones de intolerancia entre ciudadanos.
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rumbelio

Mar, 11/27/2012 - 16:36
con tantos problemas de salud,educacion,desempleo,etc,etc, y este man preocupandose por los vecinos que se toman sus polasy colocan musica. no jodas. sea serio. por eso es que nos quitan los mares por andar preocupados por maricadas.
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Angel Recio

Mar, 11/27/2012 - 12:00
Se está volviendo viejito y un poquito godito. No es para tanto.
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aquiyalla

Mar, 11/27/2012 - 18:26
CORRECCIÓN:...me tiro en ...
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aquiyalla

Mar, 11/27/2012 - 18:24
Por gente tan obtusa (cerrada para pensar lo elemental) como ud y otros , que no ve en este tema una falla,un vacío y hasta un fracaso de la ciudadanía,es que nos acontecen los otros grandes problemas. Si soy indolente, soy mal ciudadano, si soy indiferente, soy mal ciudadano, si hago ruido sin importarme el vecino soy mal ciudadano y me tipo en la convivencia y en la paz, que debe comenzar por casa.
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digoall

Mar, 11/27/2012 - 09:53
Gracias por esta columna. Debería hacerse toda una campaña para rescatar el silencio.
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JuanSinTinta

Mar, 11/27/2012 - 09:50
Enhorabuena por este artículo. Al ruido de los vecinos y los salones de reuniones, súmele la zorra de reciclaje que pasa por frente a su ventana con el altoparlante "a todo taco": ¡se compraaa chataraaaa!; y otras ventas ambulantes mil. Y si se quiere desconectar de internet o de los estruendos que suenan a diario en la radio, váyase a caminar por ahí, y será asaltado -literalmente- por los parlantes de los almacenes que venden calzado, ropa, menjurjes, adornos navideños, y otro mugres mil. O por las chivas bulliciiosas con su música a diezmil y los gritos histéricos de las rumberas a treintamil. Y así, ad aeternum et ad nauseam.
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ediortiz

Mar, 11/27/2012 - 08:37
tiene ud toda la razon; aunque no estoy de acuerdo con que el baño fuera el ultimo bastion del silencio, pues no han inventado descargas silenciosas................con mas terapia tal vez
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Crótatas

Mar, 11/27/2012 - 08:23
Estoy de acuerdo, aunque no con lo que dice al final. En este país creemos que alegría equivale a hacer ruido, y no me parece que esa relación sea obligatoria; las manifestaciones de la felicidad también dependen de la cultura, y en Colombia el escándalo es cada vez más común, para la alegría y todo lo demás. En Colombia odiamos el silencio, la paz, la tranquilidad, porque somos incapaces para la introspección; nuestro mundo interior y nuestra capacidad de concentración es pobre. Si duda hay una relación entre el bajo desempeño intelectual que demostramos en pruebas internacionales y esa incapacidad para vivir sin ruido, sin algo externo que distraiga a la gente de su propia mente. Por otra parte nuestra pobre salud estoy seguro de que tiene relación con esa incapacidad
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Boyancio

Sab, 12/01/2012 - 08:21
Si el ruido cubre la mente del ignorante y flojo de mente, sumercé, entonces, qué le vamos a dar a la majá sino se le da educación, que no enrespeta el oído de los vecinos ni na. Si es que uno ve a los mismos policías bailando en las puerta de los altoparlantes sean los bafles mamonudos, sumercé,,,¿qué bueno podemos esperar de esos pobres muchachos que ni leen ni na?
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Crótatas

Mar, 11/27/2012 - 08:29
para vivir de una forma ordenada, respetar los horarios de sueño propios y de los demás; ese caos social tiene que hacer mella en el organismo, puesto que no hay momentos o tiempos constantes para nada. En Colombia vivimos de una forma completamente irracional, desordenada, caótica y vemos todo lo que signifique orden como una carga, como algo aburrido. En fin, el problema del ruido es más grave de lo que se piensa y sin duda es una manifestación de nuestra pobreza mental, nuestra pereza, y, en fin, nuestro subdesarrollo, por qué no decirlo. En un entorno como el nuestro es muy difícil que la gente pueda desarrollar sus capacidades mentales.
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