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Ana María Cano Posada 2 Mayo 2013 - 11:21 pm

En medio

Deformación

Ana María Cano Posada

Un espejo que refleja la cara del desvarío social son los muchachos “incorrectos”.

Por: Ana María Cano Posada
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No disimulan el malestar ni el odio ni el sinsentido con el que han sido alimentados en su niñez, desprovistos de cuidado y futuro. Sobresalen con sus actos de matoneo en planteles de todo nivel social y también por tempranos actos delictivos individuales o masivos con los que desfogan la presión de maltratados o ignorados. Crecen silvestres las malas hierbas, resultan de un terreno abrupto que deja crecer jóvenes que luego increpan a la sociedad de la que son producto pero que ella desconoce.

Los dos hermanos que fabricaron en la cocina bombas artesanales para ocasionar el mayor daño al finalizar la Maratón de Boston, luego de investigaciones forzosas se sabe que estaban marginados por origen, religión y una nula identificación con el estilo de vida norteamericano que les era incomprensible. Una vez hecho el daño, todo el país que los alojó vuelve su atención hacia ellos y decide como gran concesión que juzgará al muchacho de 19 años que sobrevivió a la persecución a través de un proceso civil y no uno militar, que se tiene para quien es declarado enemigo.

Habría que sumar cuántas masacres ha habido en colegios y universidades norteamericanas, en las que un maltratado equis resuelve vengar su malestar contra sus compañeros sin que el sistema educativo entero tenga ante estos hechos una mínima inquietud ni construya una plataforma de debate nacional para revisarse, y en cambio actúa culposo después de los actos, sin adelantarse a ellos.

Se le suma a la crianza desajustada, determinada por patrones de consumo, incomunicación y sinsentido, la delirante publicidad que obtienen los jóvenes autores de masacres o actos de terror y que los convierte por una temporada en superhéroes, como los del cine. Guasones, pues. Estas celebridades oscuras son secretamente admiradas por sus coetáneos que envidian este estrellato.

En Colombia existe la escala de malas hierbas correspondiente, que son plaga (en el sentido de generalizada), abonada con el maltrato que aquí es institucional y familiar. Tenemos el caso reciente del muchacho de 19 años con 32 asesinatos encima, que había comenzado a producirlos por contrato como quien entra al mundo laboral y que contó cómo su papá le dejó dos legados: correazos y angustias económicas de no tener con qué mantener a los hijos. Ambas cosas las corrigió el aprendiz maltratando a quienes no eran su padre y recibiendo salario por esto.

Un indicador al paso sobre la talla del problema: sólo en el Valle, en 2012, ingresaron al sistema penal 3.688 adolescentes, según dato del ICBF, y 690 jóvenes habitan en constante estado de enervamiento en dos centros de reclusión que dirige ese instituto. Explican los guardias que tienen un síndrome de abstinencia de drogas y de uso de celular.

Por otro lado, la proporción de matoneo escolar es epidémica en Colombia, lo que garantiza que la violencia repita su matriz en nuevas generaciones. Tampoco este asunto toca a nadie distinto a un puñado de académicos y organismos de buena voluntad que tratan de paliar este síntoma de enfermedad social. Pero como no es enfermedad holandesa ni enfermedad electoral, entonces la hacemos esperar sin atenderla, ignorando la amenaza de cuánto empeora con la desatención.

Igual que los muchachos descorregidos, que al no haber recibido un cuidado al comienzo de su vida deciden tomar retaliación por sus propias manos, demostrando cuánto saben dañar. Este es el espejo en el que se ve la cara deforme que no se reconoce. Es la nuestra.

  • Ana María Cano Posada | Elespectador.com

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digoall

Vie, 05/03/2013 - 13:40
Y todavía pretenden prohibir completamente el aborto..
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Amonoi

Vie, 05/03/2013 - 08:55
Respecto a lo de Boston, la Señora anda bastante desinformada. Y respecto al joven asesino criollo, el de los 32 asesinatos, ni siquiera se menciona quienes fueron los que pagaron por los crímenes. me parece que por ahí es por donde están "las malas hierbas". Solamente que en este país de hipócritas siempre tiene la culpa "el indio" y no "el que le da la chicha".
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CALDORICO

Vie, 05/03/2013 - 07:39
Y ahora que a nivel institucional la policía se ha dado a la tarea de judicializarlos, por las bichas que sabe llevan consigo, estamos llenando las cárceles de adolescentes de 18 años, con el cuento de los jueces y fiscales que representan un peligro para la sociedad, en una especie de limpieza social institucional, bajo el prurito que por conseguir la drga, puede robar, matar, atracar, es decir, los estamos llevando a la cárcel por pobres, por que al que tiene con que comprarla ni le piden papeles por ser un niño bien, esa bomba social que los jueces están volviendo a las cárceles, desconociendo la sentencia de la corte constitucional que obliga a todos los estamentos del estado a contribuir a descongestionarlas va a terminar como en Cali, con muertos y la mayoría en la calle nuevamente..
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Cosmos60

Vie, 05/03/2013 - 07:02
Ver como se atacan los jovenes en ordas da miedo.
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