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Lorenzo Madrigal 7 Abr 2013 - 11:00 pm

Deformaciones históricas

Lorenzo Madrigal

Por lo general no se sabe en qué momento la historia comienza a desvirtuarse. Cuándo y por qué razón hechos evidentes para los contemporáneos empiezan a ser tergiversados, de modo que con el paso de los años quedan consagrados como lo contrario de lo que fueron.

Por: Lorenzo Madrigal
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Yo diría que es asombroso, en la hora de ahora, que empiece a afirmarse que la administración Pastrana, desde cuyo final han transcurrido más de diez años, sea la responsable del fallo de La Haya, de fines del año pasado, que le arrebató a Colombia una porción tan grande de mar territorial o, si se quiere, de zona de provecho económico.

Dos años tuvo el gobierno del presidente Santos, durante los cuales transcurrió, sin una visible preocupación de la Cancillería, el trámite del diferendo con Nicaragua ante la Corte Internacional de Justicia. Se dio a entender que ya todo estaba hecho.

Cuando se aproximaba la hora de la sentencia, la opinión escuchó de la canciller que la decisión bien podía ser salomónica. Esto es, partida en dos (ahora se habla de un extraño “efecto medio”, que se hubiera propuesto del lado colombiano), lo que no fue así: el mar, en gran desproporción, pasó a ser del país centroamericano y los cayos y promontorios de tierra, alguno de los cuales apenas sobreagua en la marea baja, se le dejaron a nuestro país.

La ministra preparó a la Nación para la debacle, pero no se supo que hubiera habido en Cancillería algún esfuerzo especial para prevenir el fatal resultado. Nicaragua tenía instalados en La Haya hábiles negociadores, mientras que Colombia, salvo el embajador rutinario, no tenía encargados con residencia permanente.

Denunciar el Pacto de Bogotá fue el recurso tardío del Gobierno, pacto que se firmó cuando los protagonistas de hoy no habían visto la luz de este mundo. Cómo hacer responsable a uno de ellos por haberse acogido a ese convenio multilateral de solución de litigios, originado en nuestra capital, en el momento en que la Unión Panamericana pasaba a ser la Organización de Estados Americanos (OEA).

El actual gobierno, que venía bien con su estilo republicano, ajustado a leyes y sin ambiciones de permanencia, a diferencia del anterior, ha caído en el desespero por la reelección, para la cual es gravísimo inconveniente, desde luego, la pérdida territorial, que acompañará su historia, con mayor o menor razón, pero de todos modos para su desgracia.

Los escritores allegados al expresidente Samper, según puede leerse en distintos medios, enfilan baterías contra Andrés Pastrana Arango, quien recobró en su gobierno la diplomacia y con visa y buen inglés mantuvo excelentes relaciones con el país del norte. Atrás quedaba el mandato de quien fuera elegido entre escándalos de financiación, generados, como es sabido, a sus anchas espaldas.

  • Lorenzo Madrigal | Elespectador.com

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