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Umberto Eco 17 Ago 2013 - 9:00 pm

Dejando el hábito del teléfono celular

Umberto Eco

Recientemente leí acerca de un servicio no convencional ofrecido en el hotel Byron, un famoso balneario de la Riviera italiana frecuentado por los ricos y famosos.

Por: Umberto Eco
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Los huéspedes tienen a su disposición un psicoterapeuta políglota cuyo objetivo es ayudarles a superar su dependencia de los teléfonos móviles y, si es necesario, del Twitter y todos los demás medios adictivos de comunicación social que han inducido a todo un nuevo nivel de neurosis.

A principios de los años 90, cuando los teléfonos móviles aún no estaban en todas partes, escribí acerca de los “poseedores de teléfonos celulares” —un neologismo que acuñé, emulando a los “portadores de la antorcha”— que trataban de llamar la atención sobre sí mismos en los trenes y en los aeropuertos gritando a voz de cuello sobre el comercio de acciones, préstamos bancarios y otros negocios.

Comenté que su comportamiento era un signo de inferioridad social: quien era verdaderamente poderoso no necesitaba tener teléfonos celulares, ya que tenían 20 secretarios contestando las llamadas; las personas que necesitaban los teléfonos móviles eran los gerentes de nivel medio, que tenían que informar constantemente a sus directores generales, y los dueños de empresas pequeñas que atendían las llamadas de su banco.

Mi evaluación sobre los poseedores de teléfonos tenía que ver más con su estatus social que con su neurosis potencial, porque en ese momento era muy posible que, en privado, estos exhibicionistas dejaran a un lado sus teléfonos y calladamente se dedicaran a sus negocios.

Sin duda, ya no es así. Justo el otro día noté a cinco personas que caminaban a mi lado: dos estaban haciendo llamadas, dos enviando mensajes de texto tan frenéticamente que corrían el riesgo de tropezar y caer, y una mujer caminando con su teléfono en la mano, lista a responder a cualquier tono o timbre que pudiera emitir.

Conozco a un hombre bastante culto y distinguido que se deshizo de su Rolex porque hoy en día, dijo, puede ver la hora con sólo mirar su Blackberry.

Tecnológicamente hablando, es obvio que esto representa un paso adelante —tener pequeños pero potentes computadoras a nuestro alcance en todo momento—, pero también un paso hacia atrás. Después de todo, el reloj de pulsera ofreció a la gente una alternativa a estar sacando constantemente el reloj de bolsillo de su chaleco (o, supongo, caminando con los relojes de caja atados a sus espaldas). Pero mientras el reloj de pulsera liberó nuestras manos, el teléfono inteligente las monopoliza. Mi amigo cambió su Rolex por un dispositivo que tiene una de sus manos constantemente ocupada.

Es como si hubiésemos decidido colectivamente atrofiar uno de nuestros miembros, a pesar de que sabemos que tener dos manos con los pulgares opuestos ha contribuido enormemente a la evolución de nuestra especie.

Y en los días en que la gente utilizaba plumas de ganso para escribir, requería usar una sola una mano; pero hoy en día se necesitan dos para escribir en un teclado, por lo que el poseedor de un celular no puede utilizar el teléfono y su computadora al mismo tiempo.

De nuevo, supongo que un adicto al teléfono móvil no tiene necesidad de una computadora (ese objeto ya casi prehistórico) porque puede usar el teléfono para acceder a internet, enviar mensajes de texto y correos electrónicos, y —creo que siguen haciendo eso también— llamar a otra persona.

Por supuesto, y no soy el primero en señalarlo, otra manera de demostrar que la tecnología móvil es a la vez un paso adelante y un paso atrás es que, por mucho que nos conecte virtualmente, también interrumpe el tiempo que dedicamos a estar juntos, frente a frente. La película italiana L’Amore è eterno finchè dura (El amor es eterno mientras dura) ofrece un ejemplo extremo en una escena en la que una joven insiste en responder mensajes urgentes mientras tiene relaciones sexuales.

Una vez concedí una entrevista a una periodista española, una mujer con aire de culta e inteligente que, en su artículo, observó con asombro que nunca había interrumpido nuestra conversación para contestar el teléfono. Y por eso decidió que yo estoy muy bien educado. Tal vez nunca se le ocurrió que había apagado mi celular para evitar interrupciones —o que no tenía un teléfono celular—.

* Novelista y semiólogo italiano

© 2013 Umberto Eco/L’Espresso

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recapitulando

Dom, 08/18/2013 - 20:45
Nada mas horripilante que estar en un pais extranjero y escuchar hablar por telefono a gente que cree que los demas no le entienden, las barrabasadas, groserias y ridiculeces mas tremendas y no tener lternativa de alejarse de estos sujetos. Solo demuestran su mala educacion y complejo de inferioridad, creen que un telefono celular y contar hasta cuantas veces visita el sanitario da estatus. Uffff...........!
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Toribioa

Dom, 08/18/2013 - 17:20
El celular puede ser una oficina virtual. Responderlo mientras se hace el amor es un adefesio aborrecible.
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JAIMEBAL

Dom, 08/18/2013 - 14:43
Gracias a HE por el artículo y.. por el forista que escribe de la libertad de no tener celular. Creí que yo era el único colombiano que tenía ese adminículo. A propósito, lo olí hace poco: Una señora se encuentra la lámpara de Aladino. La limpia. Y, a la pregunta del genio que aparece, le pide que su esposo la quiera siempre, no la deje ni siquiera en el baño, que sea lo último que tenga en su mente por la noche y lo primero al levantarse... Y el genio la convirtió... en celular!. Que lo gocen!
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Anticlientelistascorruptos

Dom, 08/18/2013 - 13:26
Solución: el reloj de Dick Tracy. Seguimos esperando su llegada. Ahora se llamaría smarthphone de pulso. ¿Quién lo lanza? ¿Samsung, Apple o las venidas a menos RIM y Nokia?
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caropepa

Dom, 08/18/2013 - 12:51
Alguien alguna vez me envió un correo en el cual hablaba lo mismo que el columnista de marras, del descreste de los exhibicionistas de las últimas tecnologías. Yo le sugerí a quien me lo envió que acudiera a los arrieros del siglo XVIII para enviar dicha información y no a los avances tecnológicos.
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dalilo

Dom, 08/18/2013 - 11:11
Y las gafas que????
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suesse

Dom, 08/18/2013 - 08:13
Neoesclavitudes. Que se disfrazan de modernidad, de desarrollo. Aun recuerdo al "economista" que jura(ba) que por tener moto y celular, el país (?) habia avanzado tremendamente...
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Ar mareo

Dom, 08/18/2013 - 17:03
como era de esperarse con esas opiniones el q avanzo fue el ahora lo tienen de ministro
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Boyancio

Dom, 08/18/2013 - 07:24
De las pinturas rupestres y pueblerinas que he visto últimamente, me llamó la atención una que vi en Curramba: El Hombre Caimán, con celular en la mano. Antes, le ponían el reloj de pulso, pip, pip, pip, ¡ se calló la llamada, no joda!
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alvaroisaza

Dom, 08/18/2013 - 06:46
Quienes tienen teléfonos celulares no saben la felicidad que sentimos quienes no los necesitamos. La privacidad forma parte de nuestra vida así como el orden en el cual contestamos nuestras llamadas o atendemos las interesantes. Pensamos que, a menos que seamos médicos o tengamos una ambulancia, no tenemos que estar a la disposición de quienes desean hablar con nosotros cada vez que así lo sienten. No tenemos conversaciones futiles ni permitimos que nos pregunten varias veces adonde nos encontramos mientras llegamos al sitio de trabajo o viceversa. Miramos al frente cuando caminamos y escuchamos a quienes nos hablan para mejorar nuestras relaciones personales mediante la comunicación cara a cara. Y como no pertenecemos a ninguna red social tampoco tenemos que seguirlas ineludiblemente.
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Boyancio

Dom, 08/18/2013 - 16:10
Celunoides, pero entras al foro de El espectador con una soltura, con un despliegue, que pareces que tiene buena la señal, ni esteroides.
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capitanpurpura

Sab, 08/17/2013 - 23:57
Creo que el uso del telefono esta inversamente relacionado con la capacidad de entablar una conversacion. El telefono se ha convertido en la mejor manera de evitar contacto con otros seres humanos, lucir ocupado esta de moda
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