Por: Nicolás Rodriguez

Del Ciclo Rosa al ciclo Fab

La batalla contra el oscurantismo de los que se burlan y critican la posibilidad misma de que el homosexualismo sea promovido no puede obviar que llevamos varios siglos (desde el XII, según algunos historiadores) vendiendo e incentivando una cultura heterosexual.

Así como una marca de leche con el arco iris es mirada de reojo y Lady Gaga, Madonna o el Ciclo Rosa de cine en la Javeriana son señalados de promotores de la homosexualidad, ya son varias décadas viendo la misma propaganda de jabones Fab que promueve el machismo de una pobre señora que lava sonriente los sobacos de la camisa de su encorbatado marido. Y así mismo con las leyes, que apenas ahora están cambiando. Las fábulas de los niños, a la espera de una bella que no sea durmiente. Los gestos de misoginia de los locutores y periodistas que le tienen menos miedo a ser tildados de censuradores. Los fotomontajes de amor en los que el presidente de turno posa con su esposa, quien espera ansiosa a que ocurra la siguiente tragedia humanitaria. Y en fin.

En adelante el mensaje del Ciclo Rosa no debería ser si es o no legítimo el estudio de la cultura homosexual. En las palabras de alguno de los religiosos defensores, de hecho, se siente aún un tufillo de disculpas por lo que podría ser considerado “promoción”. Y entonces se ponen muy académicos: ojo que esto es discusión, exploración. Como quien tiene a sus ratas díscolas en el laboratorio y exige que lo dejen experimentar en paz.

Quizás los interesados en que el impacto político del Ciclo Rosa continúe deberían anunciar que la mirada no se centrará en la desviación y el disfrute de la misma, por muy incluyente que esa aproximación pueda resultar. Y tal vez sea el momento de estudiar la construcción de la norma y de lo normal. De pasar, pues, de la denuncia de la homofobia a la crítica del mundo heterosexual.

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