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Lorenzo Madrigal 20 Ene 2013 - 11:00 pm

La descorbatada

Lorenzo Madrigal

La moda es una pesada imposición, de la cual muy pocos escapan; tiene sus épocas y sus caprichos. ¿Quién la inventa?, ¿quién la comanda? Los desfiles de temporada muestran unos extrañísimos “chiros”, que nadie va a usar, ni loca o loco que estuviese. La corbata o el corbatín de López Pumarejo y después de Turbay Ayala, en imitación, complementan el traje completo de dos o tres piezas, en paño o dacrón. Hasta hace poco era de mal gusto el uso del flux o traje completo, al modo de algunos estudiantes de tierra caliente, venidos al frío de Bogotá, quienes lucían camisa abierta y vestido de un solo tono sin el complemento de la corbata.

Por: Lorenzo Madrigal

Ya estamos en otra etapa de la vida y de la moda: ahora llega el expresidente norteamericano Jimmy Carter, invitado a cenar en Casa de Nariño, expuesto el cuello, noblemente envejecido, al calor de las lámparas de baccarat, cero corbata. Lo recibe el presidente de la República, hombre muy pulido en el vestir y de trajes muy bien cortados, igualmente sin entorcharse la flecha de la felicidad, como la llamaba D’Artagnan. El jefe de protocolo debió poner sobre aviso a alguno de los dos sobre la descorbatada del otro.

Aunque la elegancia no consiste en el traje solamente y ya lo decía Álvaro Gómez —para quien era más una afección del espíritu, una selección intelectual—, duele ver a los altos funcionarios, en especial al primer mandatario, cuando llega a honrar distintas y lejanas regiones, como un paisano más, en mangas de camisa y pantalones amarillos y acaso un sombrerito vueltiao, ojalá no chino.

Recuerdo al presidente Ospina llegando a Santa Marta o en el atrio de la Metropolitana de Medellín, presidiendo algún desfile, trajeado en paño claro, al sol tropical. En mi memoria, Lleras Restrepo fue el primero que se descamisó (bueno, prescindió del saco), durante las campañas electorales de los sesenta, abdomen prominente y cinturón al aire. Claro que los primeros descamisados, así llamados, fueron los seguidores de Eva Perón, años atrás.

Uribe recorría a la usanza arriera, pero lo vi francamente elegante en República Dominicana, en un gris de tono bajo, cuando le daba palmaditas a la chaqueta del presidente de Nicaragua, desprendiéndole el polvo, mientras le prometía que se sometería al fallo de La Haya, en el que finalmente perecimos ahogados.

Pero miren lo curioso, mientras en Casa de Nariño la noche ve desfilar personajes descorbatados, en Hora Veinte de Caracol, el presidente asiste con su impecable seda azul anudada y con la arruguita correspondiente.

El plastrón aún se usa en algunos matrimonios y el corbatín del smoking permanece —así se tachone con los punticos de Messi—, quedando en vilo la discusión de si debe tapar las puntas del cuello de pajarita o ser cubierto por ellas.

En cuanto a la corbata, lo dicho: unas veces se queda, otras se va. Está en crisis.

  • Lorenzo Madrigal | Elespectador.com

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