Por: Ramiro Bejarano Guzmán

Desesperados y sin rumbo

Mientras Uribe y sus oportunistas tenientes acosan al Gobierno con mentiras, insultos, calumnias y hasta con demandas judiciales temerarias para impedir la venta de Isagen, Santos parece haber perdido el control y se le ve gobernando al vaivén de lo que le debe de estar recomendando el asesor J.J. Rendón, el rey del rumor y la desinformación.

Por eso, se ve al Gobierno improvisando y desarticulado, a los ministros como si lo fueran de otro presidente, y a Santos pareciéndose cada vez más a Uribe, de mal genio y con salidas bruscas para defenderse de su primo Pachito y sus críticos.

En efecto, la propuesta de crear un Ministerio de la Seguridad es un disparate, así encarguen al general Naranjo de su diseño. El mismo Gobierno sabe que los problemas de seguridad con los que el uribismo lo tiene acorralado políticamente no se solucionan sentando en el gabinete a un experto en estos temas. Un ministro es un vocero político de un determinado sector del Gobierno, no un estratega militar o un policía avezado; por esa razón, desde los tiempos del expresidente Gaviria, por fortuna, se vienen nombrando civiles en la cartera de Defensa. Pero ahora el Gobierno pretende que los consejos no sean de ministros sino de seguridad, donde se discutan estrategias de orden público, protección ciudadana, inteligencia, etc.

¿Será que el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón, no ha propuesto en el gabinete soluciones políticas para la seguridad ciudadana? ¿Tampoco lo habrá hecho el ministro del Interior, Fernando Carrillo, responsable políticamente de la seguridad? Si fuese cierto que no hay política de seguridad ciudadana y que además hay zonas donde ha crecido la sensación de inseguridad, la solución no es crear otro ministerio, sino cambiar a los actuales ministros y hasta remover los generales que no están dando resultados. O prescindir del prepotente y militarista comisionado de paz, Sergio Jaramillo, cuyo papel gris en todas las tareas que asume es notorio.

El día que el presidente ponga a rodar cabezas de uniformados que no rindan, o las de los ministros y asesores, los sabuesos del uribismo, se quedarán sin discurso. Pero creer que la imagen se endereza elevando la seguridad a un ministerio, solamente puede ocurrírsele a un asesor como J.J. Rendón, cuyo negocio es ganar elecciones —inclusive con medios lícitos—, no gobernar ni definir el rumbo de la seguridad. Esa es la diferencia entre un candidato y un gobernante, que parece está extraviando a Santos y toda su desgastada cohorte, ahora atrincherada pero sin saber qué hacer.

Y no me vengan con el cuento de que fue espontáneo ese oso de la interrupción del desfile militar del 20 de julio, para que la familia presidencial se abrazara con un soldado que resultó ser vástago del primer mandatario. ¿Era necesario mostrar en público un gesto íntimo que tuvo sabor a privilegio? Ninguna utilidad desde el punto de vista de quien ejerce el oficio de gobernar, como se demostró con el disgusto que a muchos oficiales provocó el abrazo; empero, a los ojos de un jefe de Estado en trance de convertirse en candidato, sí parece darle dividendos políticos promover la fotografía de que sus hijos prestan servicio militar en vez de andar en el “emprendimiento” de los negocios privados mientras su progenitor gobierna, como lo hicieron los entonces adolescentes y hoy empresarios Tomás y Jerónimo Uribe. Pero el Gobierno se deja tentar por las zancadillas del uribismo y responde hasta exponiéndose innecesariamente al ridículo.

El Gobierno va a tener que reaccionar con pausa y sin prisa, pero sobre todo poniéndole distancia a la reyerta electoral que se avecina. De lo contrario, preparémonos para estar gobernados por el talante y las estrategias del temido J.J Rendón, y  todo será posible.

Adenda.- Hay que apoyar la noble causa de la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales, presidida por el abogado Carlos González Puche, en favor de los derechos de los jugadores de fútbol, que se pretenden desconocer con un proyecto de ley retardatario e injusto, impulsado por el Gobierno.

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