Por: Julio Carrizosa Umaña

Desplazamiento y Ambiente Rural

EL AMBIENTE RURAL COLOMbiano cambio radicalmente con el desplazamiento forzado de más de cuatro millones y medio de personas; con ellas se fueron tradiciones, solidaridades, instituciones, destrezas y saberes extraordinariamente difíciles de reemplazar.

A estas familias que fueron víctimas de la violencia hay que agregar cientos de miles, o tal vez, millones de campesinos y de habitantes de pequeños cascos urbanos ligados a las cadenas de producción agropecuaria que se trasladaron a las ciudades y empezaron a trabajar en otros sectores por razones económicas, culturales y ecológicas, por la baja rentabilidad de las actividades agropecuarias, por deseos de cambiar de estilo de vida o por el deterioro de las aguas y los suelos de sus predios. Con ellos también se fue un capital humano que hoy hace falta.

A esta disminución del capital humano del campo colombiano se agregan otros cambios que deberían tenerse en cuenta antes de planificar el “desarrollo” de los millones de hectáreas que no se han urbanizado; el primero el aumento de las áreas dedicadas a plantaciones de monocultivos permanentes, la segunda la aceleración de la conversión de cultivos a pastos y herbazales ganaderos, el tercero la concentración de poder y de ingresos en pocas personas, muchas de ellas en la ilegalidad por diversas razones, otras pertenecientes al mundo empresarial urbano, el cuarto la irrupción de las actividades mineras empresariales en regiones donde antes solo existían mineros pequeños y medianos y la modificación de las técnicas de estos últimos con la introducción de maquinaria pesada, todo “gracias” al aumento del precio internacional del oro y del carbón, el sexto la disminución de los precios de varios productos tradicionales por efectos del TLC y el séptimo la valorización del peso.

Las crisis que hemos presenciado este año en el campo son indicios de cómo estos siete cambios están generando una nueva conformación estructural y funcional del territorio de Colombia y en especial de su ambiente rural. Las quejas de miles de campesinos y mineros son un alarmante indicador de que esta nueva estructura es incapaz de proporcionar bienestar a los siete o menos millones de colombianos que se quedaron en el campo. Pareciera que la conjunción de estas modificaciones ha reducido mucho más de lo que nos imaginabamos la sostenibilidad de los territorios rurales, lo cual plantea la necesidad de planificarlos con mayor cuidado.
 

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