Por: Iván Mejía Álvarez

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No puede ser. Es inadmisible en un fútbol que tiene dinero gracias a un patrocinio generoso de una firma seria y ampliamente respetable. Postobón no se merece que en el torneo que auspicia pasen cosas como estas.

Hernando Ángel se ha especializado en incumplirles los pagos a los empleados. Ya una vez en el Quindío, cuando los jugadores se negaron a viajar porque les debían tres meses de sus emolumentos, envió a Bogotá a unos chicos imberbes que fueron goleados. Ahora la repitió con el Universitario de Popayán en la B: también se negaron a desplazarse y mandó a unos peladitos a jugar para eludir el cumplimiento de sus deberes patronales. Y la Dimayor, ni mu, ni una palabra, cohonestando con la irresponsable actitud de Ángel y su espíritu de capataz negrero. ¿Hasta cuándo Ángel? ¿Quién le dice algo o sanciona a este dirigente que ha convertido el fútbol profesional en su coto privado? Nadie, Jesurún tan arrogante para unas cosas y tan mansito para otras.

En Tunja se demoró el inicio de un partido entre Chicó y Patriotas porque un jugador del Patriotas tenía el mismo número en la camiseta que un compañero. Tuvieron que ponerle uno provisional en la espalda, hecho con tela a última hora, como si el fútbol profesional fuese un campeonatico veredal o de barrio. Ese tipo de cosas dan vergüenza en un torneo que se supone serio.

En Yopal siguen mostrando los cambios con una paleta de madera en la que no se ven los números. No tendrá la Dimayor dinero para comprar un tablerito electrónico y enviarlo, así sea prestado, a Yopal, la plaza del Alianza Petrolera. Bastante dinero reciben jornada a jornada por el recaudo de amarillas y rojas, amén de las multas por otras infracciones. Es mucha plata como para no poder comprar un miserable tablerito.

Esos tres daticos, para no hablar de 20 muchachitos en las fotos de los equipos, demorando el inicio de los partidos en Cúcuta, los saques de honor para cualquier Perico de los Palotes, los minutos de silencio para cualquier ene ene, pariente o amigo del directivo.

Alguien podrá decir que estos son detallitos, tonterías, pero no es así. Esos detalles muestran que está faltando liderazgo y que en la Dimayor están más pendientes de sumar la plata de las multas que en perfeccionar el producto, que no es otro que los partidos de fútbol.

La Dimayor no puede garantizar la calidad del producto en la cancha, pero es su obligación que el montaje del espectáculo sea correcto. El patrocinador merece seriedad y cumplimiento.

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