Por: Iván Mejía Álvarez

Determinantes

Son absolutamente diferentes, marcan tendencias porque cuando entran en acción el fútbol discurre con fluidez, se hace magia, se ilumina el estadio. Por eso son estrellas y merecen lo que les pagan. No son muchos porque la calidad viene en frascos pequeños. Hay lociones grandes con olor a pachulí, pero perfumes finos sólo se embotellan en recipientes chicos.

Teófilo Gutiérrez se jugó un partidazo en el Metropolitano. Apareció en todo el frente del ataque, siempre llevando peligro, comandando el carrusel y la circulación de pelota del Atlético Júnior. Tuvo intervención crucial marcando el primero al cerrar la pinza entre Henríquez y Cuesta y definir con pasmosa frialdad ante Armani tras un maravilloso pase a tres dedos de su socio Chará. Y en el segundo tuvo activa participación luego de una secuencia larga de pases del elenco juniorista, haciendo un quiebre y dejando el pase para que Jarlan le metiera el trallazo.

A Teo se le ve más maduro, recibiendo mucho golpe, le ha bajado revoluciones a su “fastidiómetro”, ese estado de ánimo que solía acompañarlo en el que convertía en melodrama cualquier pequeño incidente, pero aún le salen cositas inevitables, como esa simulación con Aldo que le puede salir bien costosa. Y como jugador viene haciendo cosas maravillosas, pues no se deja encasillar. Aparece en todo el frente del ataque, pero también arranca en punta y tiene la gran virtud del goleador moderno al aplicar la frase guardiolana: “Es mejor llegar que estar”.

Teófilo y su momento futbolístico significan un agradable problema para Pékerman. Juega en Barranquilla, casa de la selección, el público lo idolatra, está en muy buena forma y resulta muy difícil excluirlo de la formación titular. Si lo tenía antes, cuando era suplente en el extranjero, ¿cómo no tenerlo ahora que es titular y líder de este magnífico Júnior?

Teófilo hoy es tan determinante como volvió a ser Ómar Pérez en el imbatido líder del torneo, el Santa Fe de Gregorio Pérez. Los rojos vuelven a ganar mediante la pelota quieta. Está ahí y vale, dice su técnico, como en las viejas épocas, cuando el calvo levantaba la cabeza y ponía la pelota a uno de esos centrales que siempre están, bien sea Tesillo, López, Urrego o el que sea, que saben que es cuestión de colocarse y atacar la pelota que Pérez pone ahí, donde se requiere. Los rojos estaban bien enredados ante el Once Caldas, pero llegó Ómar y trajo la luz y los pases. Es un jugador determinante.

Esos son los futbolistas que marcan las diferencias y hacen a los equipos líderes.

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